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03 | Num.335
La dignidad
de nuestros ancianos.

Norka C. Risso Espinoza,
Profesional SAER.
Responsable de Bioética. Centro San Juan de Dios.
Ciempozuelos (Madrid)

El autor habla sobre la XXXI Jornada Mundial del Enfermo y la invitación del Papa
a cuidar de aquellos que sufren enfermedades o están solos. Enfatiza la importancia
de la compasión y el amor al prójimo y a uno mismo. La Conferencia Episcopal Española inició el 11 de febrero, la campaña del enfermo centrada en el cuidado de los mayores, poniendo el acento en la importancia de la ternura y el cariño en la atención a los enfermos y ancianos.
El texto aborda la importancia de valorar a nuestros mayores y brindarles el apoyo y atención necesarios para que puedan disfrutar de una vida plena y enriquecedora en la vejez. Se destaca la fragilidad que a menudo experimentan los ancianos, tanto física como psicológicamente, y se subraya la importancia de la solidaridad para garantizar que se respete su dignidad y se satisfagan sus necesidades.
El autor nos invita a reflexionar sobre la forma en que tratamos a nuestros mayores y nos recuerda que ellos también son una parte importante de nuestra comunidad y merecen ser valorados y cuidados en todas las etapas de la vida.
 
Palabras clave: Mayores, Dignidad, Cuidar, Vida.
The author comments on the 31st World Day of the Sick and the Pope’s call to care
for people who suffer illnesses or who are alone. He emphasizes the importance of
compassion and of love for one’s neighbour and oneself. On 11th February, the Spanish
Episcopal Conference launched a campaign in favour of the sick, centred on the care of
the aged, with a special focus on the importance of tenderness and care in attending to people who are ill and to older people.
The article approaches the need to value our aged and to give them the necessary
support and care so that they can enjoy a full and rewarding life in their old age. It
highlights the physical and psychological fragility which older people often suffer, and
it underscores the importance of solidarity in ensuring that the dignity of the aged is
respected and that their needs are duly met.
Lastly, the author invites us to reflect on how we treat our aged, reminding us that older
persons also form an important part of our communities and that people deserve to be
valued and cared for in all stages of their lives.

Keywords: Older people, The aged, Dignity, Care, Life.

Este año celebramos la XXXI Jornada Mundial del enfermo y la delicadeza que siempre nos ha mostrado el Papa hacia el mundo sanitario se vuelve a poner de relieve; bajo el lema ‘«Cuida de él» La compasión como ejercicio sinodal de sanación’ nos encontramos con una invitación a salir de nosotros mismos, para ir en busca de las personas que están atravesando una enfermedad o están solos y concretamente un caminar ad-extra con una misión explícita y una meta delimitada.

No valen sólo las razones heterónomas para cuidar del prójimo, sino que debemos acoger al hermano desde las propias entrañas, con esos nombres femeninos que tal vez pasen desapercibidos y que en realidad nos llevan al amor bíblico; es decir, a los tres amores: amor a Dios, amor al prójimo, amor a ti mismo, que nos encontramos en «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo» (Mt 22, 37-39), nombres como cercanía, compasión, dulzura,… nombres de los que estamos convencidos porque nos hacen ser quienes somos, sin necesitar que nos los impongan… sabemos por experiencia que nos hacen vivir la fraternidad, nos hacen cambiar la mirada haciendo que el sufrimiento del otro pueda ser mi sufrimiento porque me hace vislumbrar que yo también soy y me siento necesitado, si no tuviera esa mirada me volvería inmisericorde. Podemos decir que el cuidado es una constante antropológica, el cuidar y ser cuidados, forma parte de lo más genuino del ser humano porque todos somos frágiles y vulnerables.

Teniendo como telón de fondo ‘Cuida de él’, este año desde la Conferencia Episcopal Española se nos invita a celebrar la ‘Campaña del enfermo’ con el lema “Déjate cautivar por su rostro”, inspirado en el documento de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida: “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones”; de esta forma se pone el foco de atención en el cuidado de nuestros mayores.

La Iglesia en España, inicia la Campaña del enfermo el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, con la Jornada Mundial del Enfermo; y finaliza el VI Domingo de Pascua o Pascua del enfermo que será el 14 de mayo.

Mons, Vicente Ribas Prats, obispo de Ibiza y responsable de la Pastoral de la salud en el CEE, en el material que se proporciona para esta campaña[1] nos recuerda la importancia de volver a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño, de la que nos habla el Papa Francisco en Evangelii gaudium 288, y de la importancia de “acercarse” a la población de edad avanzada

 

01 | Déjate cautivar por su rostro

Tal vez la primera pregunta que deberíamos hacernos es quiénes son nuestros ancianos, cuál es su rostro. Si bien es cierto que en la ancianidad se viven diversas situaciones, de una forma general hay que motivarles a descubrir la riqueza de esta nueva fase de su vida, animarles a reorientar sus vidas, ayudándoles a que adquieran un estilo para vivir y asumir la vejez con todas sus posibilidades.

Podríamos decir, pensando en los más mayores y de una forma general que son personas frágiles (entendemos por fragilidad, un determinante fisiopatológico básico que por un lado explica la expresión de las enfermedades en el anciano, y por otro sus peculiares necesidades asistenciales, tanto en el dominio conceptual como en el organizativo), débiles en muchos aspectos, ello nos lleva a plantearnos el tema de la solidaridad, teniendo en cuenta que para que tengan una vida en la que se respete su dignidad deberíamos tener en cuenta su situación humana, psicológica, social y de salud, espiritual, y atender a las necesidades que nos plantean. Lo cual implica la denuncia profética de las injusticias y marginación que en muchos casos padecen nuestros mayores.

Muchos de ellos pueden pasar por el deterioro físico progresivo y la alteración de su entorno socio familiar, lo que les puede llevar al peligro de caer en una vida vacía de sentido, debemos dar importancia al acercamiento, ofreciendo iniciativas que les permitan llenar su tiempo, llenar su vida de sentido.

Otra realidad es que se encuentran en una etapa en la que acerca para ellos el final de esta vida, podemos posibilitarles a vivir y a asumir un final de la vida lleno de sentido y de plena realización, ayudándoles a concentrar todos los sentidos en lo fundamental de la vida: la posibilidad de tranquilidad, la meditación, el encuentro con el último sentido… Sería bueno recordar aquí un epitafio humano y cristiano: «‘Recuerda que morirás, recuerda que vivirás’. ‘Recuerda que morirás’ es un eslogan que ayuda a mirar cara a cara la muerte para vivir mejor la vida. ‘Recuerda que vivirás eternamente’ es un eslogan de esperanza cristiana, que ayuda a asumir y a acompañar a quien va a morir»[2].

La mayoría de nuestros mayores son personas que necesitan hacer una relectura de su vida, desde lo que creen, desde el amor y desde una espera esperanzada, qué importante en estos momentos ayudarles a participar en la vida comunitaria, para poder coger los hilos que les ayuden a tirar la madeja y entre todos tejer una manta que nos arrope a todos. Digamos que se trata de ayudarles a ser conscientes que cada uno somos una tesela de un hermoso mosaico y por tanto todos somos importantes, ellos también.

Para muchos de ellos, la aventura más hermosa, más arriesgada y difícil por parte de los ancianos consiste en el encuentro vivo con Cristo, juntamente con todo lo que Él aporta de amor y existencia. Para ello tenemos que ayudar a los ancianos a celebrar los sacramentos propios de esta etapa de la vida como son la Eucaristía, Reconciliación, Unción de Enfermos donde Cristo se manifiesta en la intimidad del anciano.

02 | No me rechaces ahora en la vejez (Sal 71, 9)

Jesús nos enseña a convivir entre iguales, aunque seamos diferentes, todo servicio se realiza entre seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, sin hacer diferencia de rangos, abolengos, razas, edades,… Él, nuestro hermano mayor, con su encarnación, nos enseña a mirar en horizontalidad, a darnos cuenta que todos somos iguales, que los demás necesitan tanto respeto como yo, tano cariño como yo, en definitiva que todos necesitamos sentirnos acogidos, abrazados, amados,… no obstante, debemos caer en la cuenta que nuestros ancianos son una bendición para los más jóvenes, somos quienes somos gracias a nuestros abuelos, a nuestros mayores, nosotros somos fruto de su experiencia y sabiduría, nos hemos alimentado de ella, y por tanto ahora debemos tener una mirada de gratitud. Se nos llena la boca de ser solidarios con nuestros mayores, pero no se trata de eso, se trata de darles las gracias.

No obstante, socialmente, lo que estamos haciendo es todo lo contrario, nos hemos creído que todo lo recibido nos lo merecíamos, que nos pertenece, y ahora miramos a otro lado y/o pasamos de largo, por ello, ahora ellos claman como el salmista, ‘no me rechaces ahora en la vejez’. Nuestros ancianos están viviendo la soledad no deseada, se empiezan a sentir una carga para sus familias, empiezan a preguntarse por la utilidad de sus vidas, y no reciben respuestas lo cual les lleva a tomar decisiones preocupantes, de alguna forma les estamos poniendo en bandeja la “cultura del descarte”.

El ser humano, ha sido creado para amar, para vivir filantrópicamente las relaciones humanas, para ser instrumento de misericordia, por tanto, «es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida: nueva, para que sea capaz de afrontar y resolver los problemas propios de hoy sobre la vida del hombre»[3]. Eso es lo que enseña la filosofía del ser humano, ser, como «decía Zubiri, animal de realidades, animal que se hace cargo de la realidad, y como decía Ellacuría, animal que además de hacerse cargo de la realidad carga con ella, el animal vulnerable hecho animal responsable»[4].

03 | La dignidad de nuestros mayores

Llegados a este punto habrá que volver a recordar que nuestros mayores, son seres que tienen dignidad. La dignidad aparece, como una señal de identidad del ser humano, como ser dotado de inteligencia y libertad, como ser moral. Como ser humano tiene un valor y una intrínseca dignidad por encima de cualquier circunstancia externa o personal. Esta dignidad nunca se pierde ni se deteriora. Es un valor inherente a todo ser humano por el hecho de ser persona.

Es en la ética de Kant donde encontramos, de una forma más clara, la idea de la dignidad como categoría ética vinculada a la dimensión moral del hombre. Kant consideró la autonomía personal como el principal rasgo humano, hablando de «dignidad de un ser racional que no obedece otra ley que aquella que se da a sí mismo». «La moralidad es la condición bajo la cual un ser racional puede ser fin en sí mismo; porque sólo por ella es posible ser miembro legislador en el reino de los fines. Así pues, la moralidad y la humanidad, en cuanto que ésta es capaz de moralidad, es lo único que tiene dignidad». «El hombre tiene dignidad, no precio»; esto se vincula con su famosa teoría del imperativo categórico como regla moral de actuación: «Obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca sólo como un medio».[5]

El anciano es un ser personal, y como persona, “tiene” un cuerpo que le causa sufrimiento o placer, pero al mismo tiempo, “es” un cuerpo, de forma que quien ataca o hiere su cuerpo ataca o hiere a toda su persona. Además, el enfermo es origen y centro de valores morales: libertad (puede decidir por sí mismo), responsabilidad (puede responder de forma solidaria a los demás), singularidad (cada uno es único, insustituible y necesario en esta vida), etc.; pero, también es centro de un sin fin de categorías que lo definen como tal: racionalidad, actividad, unicidad, autonomía, libertad, sensibilidad, misterio, trascendencia, etc.

Desde la dignidad, en su plenitud, es desde donde se pueden dar las relaciones intra-trinitarias en la apuesta por la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural, lo cual incluye la vejez, en el servicio (diaconía[6]) y en comunión (Koinonía[7]). A través de la comunión entre los hermanos mayores (creyentes y/o no creyentes) se transforma nuestra sociedad, porque remueve los corazones de los hombres y mujeres que desde el servicio quieren llegar a toda la humanidad para paliar el sufrimiento, para ‘curar y cuidar’[8], en una apuesta por la vida, para que esta se viva en plenitud, desde la premisa ontológica de que el hombre, en cuanto persona, tiene dignidad y no precio y desde la premisa ética de que todos los hombres son iguales y merecen igual consideración y respeto.

04 | La pastoral de la salud

Desde la primera comunidad de Jerusalén, hasta nuestros días, «la Iglesia ha tejido una espléndida guirnalda de amor hacia todos los débiles, hacia todos los pobres, especialmente hacia los enfermos»[9]

Debemos recordar que el objeto de la Pastoral consistiría en llevar, en el mundo de la sanidad, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la revelación de Dios, de modo que sea comprensible para ellos, que toque los corazones y emocione, de forma que encuentren en ello su salvación, teniendo siempre presente que, como nos dijo Juan Pablo II, la doctrina cristiana se propone, pero no se impone; y que nuestra vida cristiana está presidida por el amor desinteresado y misericordioso de Dios, y este amor es el motor de la vida. Por otra parte, Benedicto XVI, sugiere que «se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese algo más que la técnica no puede ofrecer»[10]. Finalmente el papa Francisco nos invita a una misión de ternura[11], «una revolución espiritual y desarmada», en la que a través de la oración, pide acompañar al que sufre para reconocerle como hermano y así ser: «una comunidad que trabaja y lucha en el campo de la vida».

Y con este planteamiento volvemos a la Jornada Mundial del Enfermo, que, como nos explicaba San Juan Pablo II en la Carta apostólica “Salvifici doloris”, busca “sensibilizar al pueblo de Dios y, por consiguiente, a las varias instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos”. “Ayudar al enfermo a valorar, en el plano humano y sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento”. “Hacer que se comprometan en la pastoral sanitaria de manera especial las diócesis, las comunidades cristianas y las familias religiosas”. “Favorecer el compromiso cada vez más valioso del voluntariado”. “Recordar la importancia de la formación espiritual y moral de los agentes sanitarios”. “Hacer que los sacerdotes diocesanos y regulares, así como cuantos viven y trabajan junto a los que sufren, comprendan mejor la importancia de la asistencia religiosa a los enfermos”.

Los retos con la campaña de este año serían:

  • Promover una actitud de estima hacia los mayores.
  • La familia como ámbito adecuado para el cuidado de los mayores.
  • Integrar a nuestros mayores en la misión evangelizadora de la Iglesia.
  • Cuidar la espiritualidad de nuestros mayores.
  • Estableces la pastoral con un enfoque transversal e intergeneracional.

Finalmente, «Cuida de él» (Lc 10,35) es la recomendación del samaritano al posadero[12]. Jesús nos lo repite también a cada uno de nosotros, y al final nos exhorta: «Anda y haz tú lo mismo». Como subrayó el Papa Francisco en Fratelli tutti, «la parábola nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común» (n. 67). En realidad, «hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor. No es una opción posible vivir indiferentes ante el dolor» (n. 68).

05 | En nuestro día a día

Nuestros Centros sanitarios y asistenciales, siendo ‘obras apostólicas’, tienen la misión de evangelizar mientras cuidan de los usuarios mayores, siguiendo el estilo de San Juan de Dios, y de transmitir el carisma. Cada una de las iniciativas ha de hacer referencia al seguimiento de Jesucristo, médico de las almas y de los cuerpos, y a la Iglesia, que recibió de su Fundador el mandato de continuar su misión; es decir, anunciar la Buena Nueva del Reino y curar-cuidar a los ancianos, continuando su obra terapéutica en el mundo.

“Así es como nuestra Orden Hospitalaria, que nace del evangelio de la misericordia vivido en plenitud por San Juan de Dios” (Const. lb) está comprometida en la Iglesia para cumplir la misión de anunciar el Reino de Dios y colaborar en su realización entre los pobres y los enfermos, con un estilo de pastoral ecuménica y abierta al pluralismo religioso.

Desde el Servicio de atención espiritual y religiosa (SAER) del Centro, un equipo de trabajo nos encargamos del acompañamiento espiritual y religioso. La atención religiosa contempla el fenómeno religioso en sus distintas dimensiones. La opción confesional católica aporta su propia perspectiva de las mismas:

  • La dimensión cultural e histórica.
  • La dimensión humanizadora.
  • La dimensión ético-moral.

Se han podido recoger preguntas que los ancianos se hacen: ¿Para qué vivir tanto?, ¿Qué sentido tiene mi vida si estoy enfermo, no sirvo para nada, siempre molesto?, ¿Cómo será la muerte?, ¿Existe realmente otra vida?, ¿Por qué Dios me castiga con esta enfermedad?, ¿Qué pasará mañana?…

Por esto es necesario que los mayores descubran el valor de su vida, el sentido que tiene su existencia para sus hijos, sus nietos y para las nuevas generaciones.

Muchos adultos mayores están dotados de una rica y valiosa experiencia humana y religiosa que pueden compartir con los demás, simplemente siendo mensajeros de alegría y esperanza cristiana.

Se pone de manifiesto que la Pastoral con nuestros usuarios mayores no es exclusivamente visitar enfermos, y celebrar los sacramentos; sino también defender la salud, llevar a nuestros usuarios mayores una concepción más sana de la vida, promover costumbres más saludables, conocer las necesidades de nuestros usuarios en el día a día, realizar programas de derechos y deberes, reforzar la formación de grupos contra la soledad, trabajar la afectividad, fomentar una atención ética desde unos conocimientos bioéticos básicos… y todo esto sin perder el horizonte de un apoyo religioso y/o espiritual, que en momentos de vejez, enfermedad y/o dificultad es de gran esperanza.

[1] https://www.conferenciaepiscopal.es/jornada-del-enfermo-2023/
[2] Masiá Clavel, J. Tertulias de Bioética (Trotta, Madrid, 2006).
[3] Juan Pablo II, Evangelium vitae. El evangelio de la vida (San Pablo, Madrid, 1995).
[4] Masiá Clavel, J. Animal vulnerable y reconciliable, Conferencia en la Fundación Oliver, 27 enero 2007.
[5] Kant, E. Fundamentación de la metafísica de las costumbres, en L. Martinez de Velasco (ed.), (Espasa Calpe, Madrid, 1995).
[6] Hace referencia al servicio del amor al prójimo ejercido comunitariamente y de modo orgánico. En Deus caritas est de Benedicto XVI.
[7] Hace referencia a que lo tienen todo en común y en que, entre ellos, ya no hay diferencias entre ricos y pobres. En Deus caritas est de Benedicto XVI.
[8] Al hablar de curar-cuidar no lo digo como un binomio, sino como una realidad única; al curar se cuida y al cuidar se cura.
[9] Álvarez Gómez, J. Religiosos al servicio de los enfermos (Claretianas, Madrid, 1982).
[10] «Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad» Benedicto XVI Caritas in veritate, 77.
[11] Mensaje del Papa Francisco con motivo de la segunda Jornada Mundial de los Abuelos.
[12] Mensaje del Papa Francisco para la XXXI Jornada Mundial del Enfermo en 2023.

Bibliografía

Álvarez Gómez J. (1982) ‘Religiosos al servicio de los enfermos’, Claretianas. Madrid.

Delgado F. (2005)  ‘Saber cuidarse para poder cuidar’ PPC. Madrid. 

Günn A. (2020)‘Cuarentena, como lograr la armonía en casa’, Herder. Barcelona.

Juan Pablo II (1995) ‘Evangelium vitae. El evangelio de la vida’, San Pablo. Madrid

López Azpitarte E. (1993) ‘Responsabilidades éticas, en ¿la edad inútil? Para ayudar a prepararse a la vejez, Ed. Paulinas, Madrid.

Masiá Clavel J. (2006)‘Tertulias de Bioética’, Trotta. Madrid.

Papa Francisco en Vida nueva, ‘Difundir la cultura de la solidaridad’, a los 25 años de la Evangelium vitae, marzo 2020.

Papa Francisco (2020) ‘La vida después de la pandemia’, Editorial vaticana. El Vaticano. 

Papa Francisco (2016) ‘Por una cultura del encuentro’, homilía del 13 septiembre. El Vaticano.

Royela H. (1995) El sufrimiento en las personas mayores en Labor Hospitalaria núm. 235

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