Este artículo propone una reflexión sobre la pastoral como espacio de mediación de la esperanza, especialmente en contextos de vulnerabilidad existencial, ya sea en el
ámbito de la pastoral de la salud o de la pastoral social. Se enfatiza la idea de que la verdadera eficacia de la presencia pastoral no reside en la resolución externa de los
problemas, sino en la capacidad de caminar junto a la persona asistida, participando en su proceso de reconstrucción y resignificación. Se argumenta que la pastoral, en
este sentido, puede ofrecerse como motor de transformación, propiciando un espacio para convertir las experiencias de derrota en caminos de superación, mediante la
confianza y la esperanza activa.

