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343 | Editorial: Con Hospitalidad la migración
no es un problema sino oportunidad de desarrollo.

Theodor Kallifatides se confiesa: “En esa época era un hombre vacío, había dejado atrás todo, cuanto era, mi casa, mi familia, mi idioma. Ellos me ayudaron, se convirtieron en mi familia […] Entonces entendí, y aún lo creo, que en realidad siempre vivimos entre diferentes culturas, incluso viviendo en el mismo país. Adaptarse
o no es principalmente una cuestión de decisión. Yo estaba decidido a aprender de Suecia lo que pudiera aprender, empezando por el idioma y la cultura, así que me puse a ello” […] La inmigración debe explicarse como una oportunidad […] Hay gente que llega con la edad adecuada, jóvenes, fuertes y con ganas de trabajar. No entiendo el rechazo” (La Lectura. 26.09.2025).

Mientras no restauremos nuestro ethos religioso,
no habrá posibilidad alguna de afrontar dignamente el problema de la migración; y todos los falsos remedios que se propongan no serán sino pataletas vanas que concluirán invariablemente en fracaso, además de convertirnos en alimañas rabiosas y estériles.

Algunas excusas y proposiciones sobre la migración

El estado de bienestar halla en la clase trabajadora migrante, el chivo expiatorio perfecto.

“La principal limitación de los análisis más recientes de la ciudadanía y la migración es que suelen abordar el acceso a la ciudadanía como una cuestión de derechos individuales que se heredan o que deben obtenerse”
(Lea Ypi, Fronteras de clase).

La idea de que la inmigración deriva en nuevas obligaciones para los ciudadanos de la sociedad de acogida ocupa un lugar central en varias defensas del derecho de exclusión.

“Para arreglar los problemas del mundo hay que empezar por la inmigración” (De la película Una batalla tras otra, año 2025).

Migrante: Persona que se traslada de un lugar a otro, ya sea dentro de un mismo país (migración interna) o entre países (migración internacional). Se usa mucho en contextos humanitarios, legales o académicos para evitar juicios de valor. Ejemplo: “Los migrantes enfrentan muchos desafíos al adaptarse a nuevas culturas”.

Emigrante: Desde el punto de vista del país de origen: Persona que sale de su país para establecerse en otro. Se centra en el acto de partir. Se usa en noticias o estadísticas del país que “pierde” población. Ejemplo: “España ha visto un aumento en el número de emigrantes jóvenes en los últimos años”.

Inmigrante: Desde el punto de vista del país de destino: Persona que llega a un país distinto al suyo para vivir o trabajar. Se centra en el acto de llegar. Se usa en políticas de integración, servicios sociales, y debates sobre fronteras. Ejemplo: “Los inmigrantes aportan diversidad y dinamismo a la economía local”.

Refugiado: Persona que ya ha sido reconocida oficialmente como refugiado por una entidad  internacional (como ACNUR) o por el país de acogida. El estatus de refugiado se concede fuera del país de destino, por ejemplo, en campos de refugiados o embajadas. Este término está definido legalmente por la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados Una vez reconocido, el refugiado tiene acceso a protección, residencia legal y otros derechos según las leyes del país receptor. Ejemplo: Una persona que huye de un país donde es perseguida por su orientación política.

Asilado: Persona que ha solicitado asilo en otro país y ha sido reconocida como tal por ese país. El asilo se solicita dentro del país de destino (por ejemplo, al llegar a España) y se concede tras un proceso legal. Una vez concedido el asilo, el asilado tiene derechos similares a los de un refugiado, pero el procedimiento es interno y nacional. Ejemplo: Un periodista que se refugia en una embajada por denunciar corrupción estatal.

La diferencia entre refugiado y asilado radica principalmente en el momento y el proceso legal mediante el cual se reconoce su situación, aunque ambos términos se refieren a personas que buscan protección internacional por motivos similares.

Por qué tener acciones y decisiones con migrantes, refugiados y asilados

Stephen Fumio Cardenal Hamao en la presentación de la instrucción Erga migrantes caritas Christi insiste en algunos aspectos a destacar:

  1. Las actuales migraciones constituyen el movimiento humano más vasto de todos los tiempos. En estos últimos decenios, tal fenómeno, que afecta en estos momentos a cerca de doscientos millones de personas, se ha transformado en una realidad estructural de la sociedad contemporánea, constituyendo un problema cada vez más complejo, desde el punto de vista social, cultural, político, religioso, económico y pastoral.
  2. La composición de las migraciones actuales impone por lo demás la necesidad de una visión ecuménica de dicho fenómeno, a causa de la presencia de muchos emigrantes cristianos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica, y del diálogo interreligioso, por el número siempre más consistente de emigrantes de otras religiones, en particular de la musulmana, en tierras tradicionalmente católicas, y viceversa.
  3. El documento, tras una rápida reseña de algunas causas fundamentales del actual fenómeno migratorio (el evento de la globalización, el cambio demográfico real, sobre todo en los países industrializados, el aumento profundo de la desigualdad entre Norte y Sur del mundo, la proliferación de conflictos y guerras civiles), subraya los fuertes malestares que causa generalmente la migración en los individuos, en particular en las mujeres y niños, sin olvidar a las familias.
  4. El fenómeno migratorio forma parte del “signo de los tiempos”, que plantea el problema ético de la búsqueda de un nuevo orden económico internacional en vistas de una más justa distribución de los bienes de la tierra, y de la visión de la comunidad internacional como familia de pueblos, con aplicación del Derecho Internacional.
  5. Nos importa la centralidad de la persona y la defensa de los derechos del migrante, la dimensión eclesial y misionera de las migraciones, la valoración de la contribución pastoral de los laicos, de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, el valor de las culturas en la obra de evangelización, la tutela y valoración de las minorías, también dentro de la Iglesia local, la importancia del diálogo intra y extra eclesial, y, por último, la contribución específica que la migración puede ofrecer a la paz universal.

El papa León XIV está haciendo de la esperanza cristiana un tema central, animando a la humanidad a buscarla en diversos aspectos de la vida y a construir un mundo más justo, reconciliado y lleno de fe. Y en la Exhortación apostólica Dilexi te nos habla de acompañar a los migrantes.

Porque la experiencia de la migración acompaña la historia del pueblo de Dios. Abraham parte sin saber adónde va; Moisés conduce a un pueblo peregrino por el desierto; María y José huyen con el Niño a Egipto.

El mismo Cristo, que «vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1,11), vivió entre nosotros como extranjero. Por eso, la Iglesia siempre ha reconocido en los migrantes una presencia viva del Señor, que en el día del juicio dirá a los que estén a su derecha: «Estaba de paso, y me alojaron» (Mt25,35) (nº 73).

En el siglo XIX, cuando millones de europeos emigraban en busca de mejores condiciones de vida, dos grandes santos se destacaron en la atención pastoral de los migrantes: san Juan Bautista Scalabrini y santa Francisca Javier Cabrini.

– Scalabrini, obispo de Piacenza, fundó los Misioneros de San Carlos para acompañar a los migrantes en sus comunidades de destino, ofreciéndoles asistencia espiritual, jurídica y material. Veía en los migrantes destinatarios de una nueva evangelización, alertando sobre los riesgos de la explotación y la pérdida de la fe en tierra extranjera. Respondiendo con generosidad al carisma que el Señor le había concedido, «Scalabrini miraba más allá, miraba hacia el futuro, hacia un mundo y una Iglesia sin barreras, sin extranjeros».

– Santa Francisca Cabrini, nacida en Italia y naturalizada estadounidense, se convirtió en la primera ciudadana de los Estados Unidos en ser canonizada. Para cumplir su misión de atender a los emigrantes, cruzó el Atlántico varias veces e «impulsada por una singular audacia, empezó de la nada la construcción de escuelas, hospitales y orfanatos para multitud de desheredados que se aventuraban a buscar trabajo en el nuevo mundo, sin conocer la lengua y sin medios que les permitieran una inserción digna en la sociedad norteamericana, en la que a menudo eran víctimas de personas sin escrúpulos. […]» (nº74).

La tradición de la actividad de la Iglesia con y para los migrantes continúa y hoy ese servicio se expresa en iniciativas como los centros de acogida para refugiados, las misiones en las fronteras y los esfuerzos de Cáritas Internacional y otras instituciones. El Magisterio contemporáneo reafirma claramente este compromiso.
Y en ello estamos también desde la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Así los autores que se expresan en este número de Labor Hospitalaria nos indican y se proponen abordar el momento actual de las migraciones a través del prisma conceptual de la hospitalidad, entendida no meramente como práctica social o política estatal, sino como paradigma ético que interpela las estructuras de acogida, reconocimiento y convivencia en nuestras sociedades cada vez más globalizadas. Porque la hospitalidad nos convoca y nos permite comprender que la migración no es un problema a resolver, sino que es un proceso inherente al ser humano y una oportunidad de desarrollo.

Somos testigos que desde el año 2017 la Orden Hospitalaria San Juan de Dios puso en marcha el Programa Protección Internacional (PPI) como una respuesta a las necesidades de acogida e integración del creciente número de personas solicitantes de protección internacional y refugiadas en España en Andalucía, en Cataluña, en Castilla y León, en Madrid, en Murcia…

El modelo de intervención se fundamenta en el acompañamiento centrado en la persona, con un enfoque holístico e integral; basado en los derechos humanos, la igualdad de trato y equidad de género, que, en concordancia con la política pública, busca potenciar las capacidades personales y habilidades sociales de la familia en su conjunto, considerando las necesidades y recursos personales.

La migración se puede concebir como oportunidad para el ejercicio de la hospitalidad, se conceptualiza habitualmente a través de la distinción entre los movimientos inducidos por conflictos y aquellos originados por desastres. Estamos transmitiendo que la Hospitalidad ha de ser Encarnada en la realidad de las personas vulnerables.

La hospitalidad entendida como práctica de reconocimiento y respeto a la dignidad humana encuentra una expresión concreta en la acción profesional. Quien acompaña procesos de inserción tiende un puente hacia una comunidad política que debería garantizar derechos.

Las experiencias que se aportan en esta edición de Labor Hospitalaria avalan y convencen de que los migrantes nos enseñan a esperar contra toda esperanza. Nos muestran que es posible volver a empezar, que la fraternidad no es una utopía y que la fe se hace fuerte en la fragilidad.

Pero esta esperanza no tiene que quedar en poesía; tiene que traducirse en compromiso. Como sociedad en todas partes, tenemos que construir políticas de acogida inteligentes y humanas, tenemos que promover espacios de encuentro intercultural y tenemos que garantizar que nadie quede a la cuneta. Las parroquias y entidades sociales ya hacen mucho, pero no pueden sustituir el que corresponde en el Estado y a las administraciones.

Otros autores muestran programas que se empeñan en rescatar a las personas vulnerables, migrantes en continuo cambio para recuperar la dignidad que, en cantidad de ocasiones, son fruto de la insolidaridad de nuestra decadente sociedad de consumo.

Desde la perspectiva de la Hospitalidad, el abordaje de la salud mental en la población migrada requiere, una perspectiva multidisciplinar: psiquiatras, psicólogos, enfermeras, trabajadores sociales y otros profesionales deben trabajar de manera coordinada, junto con la comunidad.

Porque garantizar una atención sensible, inclusiva y respetuosa con la diversidad cultural es un paso imprescindible para cuidar la salud mental de las personas migradas y refugiadas, y para construir una sociedad verdaderamente acogedora y justa.

En los últimos años, la cuestión migratoria se ha convertido en un tema central para muchas instituciones. Sin embargo, con frecuencia los medios de comunicación la abordan desde una perspectiva negativa, olvidando que la migración es un fenómeno histórico y estructural. España, de hecho, ha sido tradicionalmente un país de emigrantes: durante décadas, muchas personas se desplazaron a Alemania, Suiza o Argentina en busca de mejores oportunidades.

La Universidad Pontificia Comillas, a través de su Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia “San Juan de Dios”, ha dado un paso significativo al implementar la metodología de Aprendizaje-Servicio (ApS) en el Trabajo Fin de Grado (TFG) del Grado en Enfermería en el curso académico 2024-2025, ofreciendo a los estudiantes una experiencia educativa que va más allá de la teoría para integrar la práctica comunitaria y la reflexión crítica.

Recapitulando con las palabras del papa León XIV (cf. Dilexi te nº75) y volviendo a referenciar al papa Francisco cuando recordaba que la misión de la Iglesia junto a los migrantes y refugiados es aún más amplia, insistiendo en que «la respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados».

Una vez más precisamos introducir un enfoque de humanización, en el empleo de las herramientas y medios a nuestro alcance, para que no nos conduzca sin remedio a eliminar a la persona y su dignidad en el desempeño de nuestras tareas asistenciales. Siempre nos importa considerar la centralidad de la persona y su dignidad.

Y es el contexto en que nos movemos en Labor Hospitalaria con ocasión de los migrantes, asilados y refugiados. Estas reflexiones nos pueden ayudar, personal y profesionalmente a saber acompañar a las personas que experimentan el sufrimiento en sus diferentes facetas y teniendo en cuenta que nos aproximamos al sufrimiento de tantas personas con Humanización y Hospitalidad.