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2026_SJD_Capitulo_pag 96
experiencias | Num.344
06/1/3 Presentación del director general

Juan José Afonso,
Director General SJD España
Los Molinos (Madrid).

Quiero comenzar, como ya hicimos en la reunión de hace dos semanas, expresando un sincero agradecimiento, en nombre de todos los colaboradores y, de manera especial, de quienes hoy estamos aquí, por la invitación a participar en este acontecimiento. Un encuentro que, de manera periódica, marca el rumbo de quienes conformamos la Provincia y nos permite reafirmarnos en un propósito compartido que, desde nuestro Fundador, ha ido tomando forma y fortaleciéndose a lo largo de casi cinco siglos de historia.

Corresponde ahora, creo, realizar un breve balance del cuatrienio que concluye.  Al revisar los documentos elaborados desde los centros, áreas y departamentos, emergen con claridad, al menos para la dirección general, dos constataciones fundamentales: en primer lugar, que la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en España está viva, activa y, me atrevería a decir, pujante. Y, en segundo lugar, que a pesar de estar estrenando esta nueva realidad provincial hemos sido (y lo digo en plural porque esto nos corresponde a todos, también a ustedes) lo suficientemente generosos y flexibles para que nuestras diferencias, nuestros modus operandi del pasado, no entorpecieran el crecimiento de la Hospitalidad en sus diferentes formas y maneras. Conservando estilos, asumiéndolos como propios y entendiendo la diversidad como un meta valor irrenunciable de la Orden en nuestro país.

Lo digo con verdadero orgullo. Quien lo hubiera dicho hace escasos 4 años que hoy íbamos a tener lo que tenemos. Una provincia más sólida, una comunidad creciente y un clima interno de camaradería que nos permite abandonar viejos recelos y afrontar el futuro con una esperanza fundamentada de que podremos mantener e incrementar el propósito de nuestra institución.

Este mismo sentir ha sido expresando reiteradamente en el encuentro precapitular de   hace   unas   semanas:  Avanzamos respetando las singularidades  de  los  territorios,  de  los  centros y de  las  personas, permitiendo que el propósito se despliegue de acuerdo con las necesidades locales, pero siempre animados por un marco común  de valores sólidos y compartidos.

Desde la gestión, esta combinación entre unidad y diversidad se ha revelado como una fortaleza organizativa clave.

En esta línea señalaré únicamente algunos aspectos relevantes, confiando en que la documentación presentada complete y profundice este recorrido.

La evaluación del  grado  de  despliegue  de  las  líneas  de  acción  del capítulo anterior es, en términos generales, positiva. Al mismo tiempo, se identifican con claridad ámbitos que debemos seguir impulsando: la atención a nuevas vulnerabilidades emergentes; el fortalecimiento de la colaboración entre  centros y, especialmente, entre  unidades territoriales; la consolidación y coordinación del área de solidaridad; el impulso  —y, si es  necesario, la redefinición—  de la Escuela de Hospitalidad, cuyo potencial para la extensión del carisma se ha hecho especialmente visible en este  periodo;  y, finalmente, la reflexión y el avance en estructuras jurídicas que aseguren tanto la sostenibilidad de la Orden como la fidelidad al propósito que emana de nuestro carisma.

Desde  esta mirada,  quiero  destacar algunos  hechos relevantes  del cuatrienio  que  ilustran   cómo  la  gestión   ha  acompañado estratégicamente la misión: si bien  es  cierto  que  tenemos que  seguir  avanzando en  el ordenamiento estructural, quisiera  destacar que  se han constituido nuevas fundaciones como  por ejemplo  en Navarra y en Granada, reforzando así la presencia institucional y la capacidad de gobierno. En esta misma línea en Cataluña se han incrementado la actividad  y competencias de algunas de las existentes y hemos entrado a formar parte del patronato de nuevas.

Asimismo, la fusión  de  los  campus universitarios de  Madrid, Ciempozuelos  y Sevilla bajo  una  única  entidad ha  permitido  ganar coherencia académica, eficiencia  organizativa  y proyección de futuro. Además,   en  este   proceso  y atendiendo  a  la  propuesta  del  Papa Francisco “de construir redes de hospitalidad con otras instituciones de iglesia”,  contar con  Comillas  en este  proceso creemos que  ayuda  a construir un futuro de mayor estabilidad institucional.

Otro  buen  ejemplo  es  Guipúzcoa,  donde   la  integración  de  los  dos centros de la provincia  en una  sola  estructura jurídica y directiva  ha supuesto un avance significativo  en  coordinación, eficiencia  y capacidad de respuesta.

Esto no implica que nos  debamos seguir  avanzando en la evolución jurídica de la Orden en España, ya que queda mucho por recorrer, pero quizás ahora  que se han consolidado otras  cosas, podamos dedicarle más energía a ello.

En cuanto a la relación con las administraciones públicas, se ha progresado de manera notable tras un trabajo prolongado y riguroso. Se han   consolidado  vínculos   de   largo  recorrido   en  territorios   como Cantabria y Castilla  y León, y se avanzan  acuerdos similares en otras comunidades como Canarias o la Comunidad valenciana, en línea con lo establecido  por  el capítulo  anterior  y promovido  por  el Gobierno Provincial. Señalo aquí si me permiten, por lo novedoso, las reuniones con el presidente de Canarias y otras autoridades, esta pasada semana para  impulsar  programas sociales, ya en marcha, así  como  un gran proyecto  sanitario  que   significaría  un  antes y  un  después  de  la presencia de la orden  en el archipiélago. Estos  modelos refuerzan la estabilidad,  la  planificación  a  medio   y  largo  plazo  y  la corresponsabilidad en la atención a las personas más vulnerables. Por todo   ello,  vamos   a  seguir  reforzando  la  trasposición  y  la implementación por parte de las Comunicades autónomas que aún no lo han hecho, de la normativa  europea del 2014 que marca el modelo de relación  de instituciones como la Orden con las diferentes administraciones públicas. Esta  normativa  nos  debe  ayudar  a consolidar propuestas de valor en el medio  y largo plazo  sobre  todo pensando en espacios históricamente asistenciales que hoy son más socio-asistenciales como  por ejemplo  la atención intermedia, donde pensamos que tenemos mucho recorrido como institución.

En el ámbito  social y de la dependencia, se  ha trabajado de forma estrecha con administraciones autonómicas y con organizaciones aliadas para impulsar proyectos profundamente alineados con el carisma: la atención  a la soledad en  el medio  rural,  la formación  e integración de personas migrantes, el acompañamiento a personas solas, dispositivos de asilo mejorados, la integración sociolaboral de personas sin hogar y la atención a mujeres víctimas  de abusos. Todo ello refleja una gestión  orientada al impacto social  y a la respuesta a necesidades emergentes.

Se han fortalecido también las alianzas con instituciones hermanas, especialmente en el ámbito  de la protección internacional, así como acuerdos con entidades públicas y privadas, con y sin ánimo de lucro, que han facilitado  financiación, desarrollos asistenciales, proyectos formativos y de investigación, y acometer inversiones relevantes.

En cuanto al desarrollo de las personas, la Escuela de Hospitalidad ha incrementado el número de participantes, confirmando su valor estratégico. Al mismo  tiempo, desde la gestión  identificamos la necesidad  de  replantear su  alcance  y coordinación  para  llegar,  con mayor rapidez e impacto, a una plantilla que se aproxima ya a los 18.000 colaboradores. En el ámbito de la ética y Bioética, la puesta en marcha de cursos básicos para directivos ha tenido una alta participación y una valoración muy positiva, consolidando un enfoque ético compartido en la toma  de decisiones. También se ha publicado el código ético  de la Provincia y considero de especial relevancia la celebración del primer congreso conjunto  con  las  hermanas hospitalarias,  en  línea  de  una nueva   estrategia  corporativa  que   es   muy  evidente   en  Hospitality Europe.

Quisiera   referirme   brevemente   al   acompañamiento   de   aquellos centros que  han presentado dificultades de  sostenibilidad, tanto financiera  como  carismática.  Con  independencia  de  su  ubicación territorial,  estos centros han  contado con  un seguimiento cercano y continuado por parte de los órganos provinciales de gobierno y gestión. Se han  realizado  ajustes en  equipos directivos, redefiniciones estratégicas y decisiones sobre  la continuidad o modulación de la actividad, siempre bajo el mandato del Gobierno de la Provincia, priorizando el refuerzo del carisma y la mejora progresiva de la situación económica, que  en la mayoría  de los casos ha evolucionado favorablemente.

Por último, en relación con los modelos de relación con garantes y proveedores, la realidad es diversa según los territorios. Aun siguiendo la orientación capitular de concertación con la administración, en algunos  contextos sigue siendo  necesario complementar la actividad con aseguradoras privadas, cuidando en todo momento que el modelo asistencial y los valores  de la Orden  se mantengan intactos. No olvidemos   de dónde   venimos.   El camino   hacia adelante  es  claro, sabemos dónde  queremos ir, pero no podemos olvidar lo que tenemos a día de hoy.

No me quiero extender mucho más  porque ya cuentan ustedes con el informe detallado de las diferentes áreas, departamentos y centros y les corresponde ahora, hermanos capitulares, discernir  y formular las líneas de trabajo del próximo cuatrienio.

Desde  la dirección general,  me  permito  sugerirles algunos  que  a mi entender siguen necesitando de un impulso extra: potenciar la formación en los elementos identitarios de la Institución; extender una  cultura sistemática de  evaluación de  personas, programas y resultados; proyectar el futuro sanitario, social, educativo y de investigación desde el análisis del impacto real de nuestras acciones; y seguir reflexionando e impulsando formas de ordenamiento jurídico que garanticen la continuidad de una misión que la Orden ha sabido mantener y acrecentar durante casi cinco siglos, adaptándose de forma constante a los tiempos y a las necesidades sociales de cada momento.

El hecho diferencial de nuestra Institución  en  la atención  sanitaria, sociosanitaria y social sigue siendo, sin duda,  el propósito que emana de nuestro carisma. En este sentido, la Escuela de Hospitalidad ha de continuar consolidándose y expandiéndose como  un auténtico vivero de formación en los valores esenciales de la Orden, ampliando progresivamente su alcance a todos los estamentos de la organización. No olvidemos  que  la misión  se  concreta, en  última  instancia, en  la relación persona a persona, en la primera línea, allí donde el profesional y la persona atendida se encuentran.

Aspectos identitarios y nucleares como la ética, el cuidado espiritual, un modelo de  gestión coherente con  el  carisma  y la dimensión solidaria —personal e institucional— han de formar parte del quehacer cotidiano y de las prioridades de quienes ejercen responsabilidades de gestión,  siempre en coherencia con las orientaciones del gobierno de la Provincia que  tiene  la obligación  unificar propuestas globales que permitan una  mayor incidencia a menor  coste en tiempo  y recursos para los centros.

Avanzar exige mejorar,  y mejorar  implica  necesariamente medir y evaluar.   Extender   una   cultura  de   evaluación  del  desempeño  de personas, programas y centros, con un enfoque “no fiscalizador” sino de acompañamiento, aprendizaje y desarrollo, nos permitirá identificar áreas de fortaleza y ámbitos de mejora, y actuar sobre estos últimos con criterio formativo y espíritu fraterno.

Somos,  permítanme la obviedad, una organización profundamente poliédrica: diversa  en líneas  de acción, en ámbitos de intervención y también en culturas organizativas heredadas de décadas de historia no siempre convergente. Se ha avanzado mucho en coordinación, conocimiento mutuo e intercambio de experiencias, pero es necesario seguir profundizando en esta senda, identificando de manera colaborativa los obstáculos que  dificultan  un crecimiento armónico. Manteniendo la singularidad de cada centro y de cada realidad, hemos de fortalecer la diversidad al mismo  tiempo  que  la comunión y la corresponsabilidad  en  el  propósito común, practicando una solidaridad interna  en la que quienes están más avanzados tiendan la mano  a quienes lo necesitan, sin que  ello suponga frenar  su propio desarrollo.

El impulso  de  modelos y marcos de  actuación  compartidos en  los distintos ámbitos —sanitario,  social,  educativo y de investigación— es una  vía adecuada para  dotar  a la Provincia de un marco  común  que facilite el despliegue de la misión,  con las adaptaciones necesarias a cada territorio y centro.

Asimismo,  debemos  seguir   abriéndonos  a  la  sociedad  a  la  que servimos, haciéndonos visibles y relevantes a través de la colaboración con otras  entidades que compartan, total o parcialmente, nuestro propósito, siempre con el cuidado de no comprometerlo. Si aspiramos a contribuir  a  una  sociedad  más  justa,  hemos de  tener  voz en  los espacios donde  estas cuestiones se  reflexionan  y deciden. Esto nos exige  explicitar   con   claridad  nuestras  bases,  nuestra  manera de entender la Hospitalidad y porque no, también nuestras líneas  rojas, para  que  la sociedad y las administraciones continúen confiando en nuestro modo de hacer y en nuestra vocación de servicio.

En el ámbito  interno,  organizaciones  como  la nuestra que  son  tan grandes y tan diversas, se hace  necesario revisar y, en su caso corregir, aquellos elementos de nuestro modelo  organizativo  y de gobernanza que requieran un ajuste de sus  funciones y competencias, prestando especial atención a la adecuada diferenciación y complementariedad entre las funciones de gobierno y de gestión, en una relación basada en la coordinación, la confianza y el respeto a los ámbitos de responsabilidad y las diferentes realidades territoriales.

Debido a nuestra complejidad, a la complejidad de la sociedad actual y el mundo  tan  cambiante  en  el que  nos  encontramos: Un mundo polarizado, muy politizado, con una excesiva infoxicación, debemos ser audaces y ágiles a la hora de adaptarnos a lo que la sociedad necesita de  nosotros y tal y como  reza  el lema  del  capítulo  para  “ampliar  la hospitalidad en un mundo cambiante”. Esto no es solo un lema, es una actitud. Una actitud organizacional también, no solo personal.

Finalmente,  se  ha  de  abordar una  reflexión serena, informada  y sin demora sobre  los modelos jurídicos  actuales y aquellos que  será necesario desarrollar en el futuro que se vislumbra. Las conclusiones a las que se llegue, sean únicas o diversas según los contextos, deberán estar siempre orientadas a garantizar  la continuidad de la misión y la fidelidad al carisma.

Cierro pidiendo  disculpas por errores o falta de respuesta en algunos casos, no hemos podido  o sabido llegar a todo,  y con una convicción profundamente esperanzadora: la Orden Hospitalaria en España dispone hoy de un capital  humano, espiritual e institucional extraordinario. Si sabemos seguir  cuidando  el carisma, fortalecer  la comunión y ejercer  una  gestión  profesional al servicio  de  la misión, podremos afrontar  con confianza los desafíos que vengan y continuar ofreciendo, como  lo hemos hecho durante siglos, una respuesta creativa, valiente  y profundamente humana a las necesidades de nuestro tiempo.

Muchas gracias, espero y pido que el espíritu les ilumine por el bien del carisma de la misión y en general, de la Provincia y de la Orden. Gracias.