Dr. Jacinto Bátiz Cantera
Director del Instituto Para Cuidar Mejor. Hospital San Juan de Dios Santurtzi. Santurtzi (Bizkaia)
Este artículo aborda, desde una mirada paliativista de su autor, el compromiso de la Iglesia desde la ética y la moral sobre la atención paliativa a las personas con enfermedades avanzadas, incurables, dependientes, desamparadas, sufrientes, en fase terminal, etc., liderado por el Papa Francisco. Un compromiso teniendo en cuenta la realidad de las personas que sufren y que el propio Francisco ha plasmado a través de sus mensajes dirigidos a los profesionales, a las instituciones, a los ciudadanos, así como a través de documentos publicados durante su pontificado.
Trata de responder a la pegunta ¿qué significaban para el Papa Francisco los Cuidados Paliativos? y acercarnos a la posible influencia personal de sus mensajes sobre esta disciplina médica.
Palabras clave: Esperanza, descarte, dignidad, acompañamiento, cuidados, sufrimiento.
This article deals, from the author’s palliativist standpoint, with the ethical and moral commitment of the Church to the palliative care of people with advanced or incurable illnesses, dependent persons, the helpless and the suffering, terminal patients and
others, under the leadership of Pope Francis. This is a commitment with an awareness of the reality of people who suffer, a commitment that Pope Francis himself expressed in his messages addressed to healthcare professionals, institutions and people in general, as well as in documents published over the course of his pontificate.
It is sought here to answer the question of what palliative care meant to Pope Francis, allowing the reader to appraise the possible personal influence of the Pope’s messages on this field of medicine.
Keywords: Hope, Throwaway culture, Dignity, Support, Care, Suffering
En la Iglesia se ofrece variados caminos y formas de acompañar a los enfermos y a quienes sufren, plasmándose en muchos carismas que han suscitado múltiples instituciones y congregaciones dedicadas a los cuidados, como por ejemplo la Orden Hospitalaria San Juan de Dios[1], además de la respuesta generosa de los fieles que hacen suyas las palabras de Jesús: “Estuve enfermo y me visitasteis” y ejercen la caridad a ejemplo del buen samaritano[2].
Ya en 1957, el Papa Pío XII, abordó una cuestión que los paliativistas tenemos muy en cuenta como es el tratamiento del dolor, aunque de dicho tratamiento pudiera derivar un acortamiento de la expectativa de vida. En un discurso en el IX Congreso Internacional de la Sociedad Italiana de Anestesiología, afirmó que es lícito recurrir a los analgésicos para el tratamiento del dolor en los enfermos graves o en situación terminal si no hay otros medios, aunque de ello se pudiera derivar un posible acortamiento de la vida del enfermo.
En esta ocasión voy a compartir lo que he aprendido del Papa Francisco sobre algunos aspectos de los cuidados paliativos.
Siempre que analizamos a un líder tenemos necesidad de conocer qué es lo que nos atrae de él. En este caso voy a analizar lo que los cuidados paliativos son y han supuesto
para quien ha sido hasta hace muy poco el líder de los católicos, nuestro Papa Francisco. Como médico paliativista que soy lo voy a hacer desde la “distancia” ya que no lo conocí personalmente ni le traté obviamente como médico. Pero me basaré en lo escrito sobre la relación de nuestro Papa con esta disciplina de la Medicina que llamamos Cuidados Paliativos o Medicina Paliativa.
01 | ¿Qué significaban para él los cuidados paliativos?
El Papa Francisco conocía muy bien lo que significaban los cuidados paliativos para las personas enfermas. A través de documentos que escribió, de alocuciones que impartió, de entrevistas a las que se sometió, etc., podemos hacernos una idea muy amplia de lo que sabía de cuidados paliativos.
En noviembre de 2017, en un mensaje[3] del Santo Padre a los participantes en la Reunión Regional Europea de la Asociación Médica Mundial sobre las cuestiones al final de la vida, se refirió a aspectos muy importantes de los cuidados paliativos. Destaco algunos:
“[…] Debemos ser prudentes porque en la actualidad es insidiosa la tentación de insistir en someter a tratamientos que tienen potentes efectos sobre el cuerpo, pero que no favorecen el bienestar integral de la persona. Reconocer de forma responsable los límites de la condición humana requiere admitir cuándo resulta inútil seguir interviniendo. […]”
“[…] el acompañamiento a los enfermos recobra la humanidad y no brinda apoyo a la eliminación de la vida. La dimensión personal y afectiva de la vida, y de la propia muerte que, al fin y al cabo, no es más que un momento extremo de la vida, debe proporcionar de manera adecuada la dignidad del ser humano en el cuidado y el acompañamiento al paciente. Se puede decir que el imperativo categórico es no abandonar nunca al paciente. […]”
“[…] Si sabemos que no podemos garantizar siempre la curación, podemos y debemos cuidar siempre de la persona viva, sin acortar su vida, pero también sin instar innecesariamente a resistir a la muerte. Éste es el cambio por el que ha optado la medicina paliativa y que resulta culturalmente importante mientras luchamos por oponernos a lo que hace que la muerte sea dolorosa y aterradora: la soledad y el sufrimiento. […]”
En este mensaje se refiere a la adecuación del esfuerzo terapéutico que es uno de los imperativos éticos en cuidados paliativos, se refiere a la eutanasia, al acompañamiento, a no abandonar al enfermo, otro de los imperativos éticos de los cuidados paliativos. Se refiere a la dignidad que debemos preservar, también nos recuerda que no hay que luchar contra la muerte; hay que permitir que llegue a su tiempo, pero no adelantarla. Los cuidados paliativos contemplan la muerte como una etapa final e importante de la vida; estos cuidados que se procuran a quienes están muriendo, no adelantan, ni retrasan su muerte, sino que tratan de aliviar el sufrimiento mientras esta llega a su tiempo. Hace referencia a un síntoma que hace sufrir mucho a quien se encuentra en el final de la vida, que es la soledad. También cita el sufrimiento cuyo alivio es el objetivo principal de los cuidados paliativos para garantizar una muerte serena y en paz.
Al Papa Francisco también le preocupaba la formación en la disciplina de los Cuidados Paliativos de los profesionales sanitarios. En marzo de 2015, en el discurso a los participantes en el pleno de la Pontificia Academia para la Vida les transmitió un mensaje de lo más valioso sobre los Cuidados Paliativos:
“Animo a los profesionales y los estudiantes a que se especialicen en este tipo de asistencia que no es menos valiosa por el hecho de no salvar vidas. Los Cuidados Paliativos consiguen algo igualmente importante: valorar a la persona. […]”
En ese mismo discurso se refirió a la universalización de los cuidados paliativos, uno de los grandes retos de la comunidad paliativista: “[…] acojo con satisfacción vuestros esfuerzos científicos y culturales para que los Cuidados Paliativos puedan llegar a todos los que los necesitan. […]”
El papa Francisco, en su audiencia a la Federación italiana de los colegios de médicos cirujanos y odontólogos en septiembre de 2019, afirmaba los siguiente:
“[…] es importante que el médico no pierda de vista la singularidad de cada paciente, con su dignidad y su fragilidad. Un hombre o una mujer que debe acompañarse con conciencia, inteligencia y corazón, especialmente en las situaciones más graves. Con esta actitud se puede y debe rechazar la tentación -inducida también por cambios legislativos- de utilizar la medicina para apoyar una posible voluntad de morir del paciente, proporcionando ayuda al suicidio o causando directamente su muerte por eutanasia. Son formas apresuradas de tratar opciones que no son, como podría parecer, una expresión de la libertad de la persona, cuando incluyen el descarte del enfermo como una posibilidad, o la falsa compasión frente a la petición de que se le ayude a anticipar la muerte. No existe el derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida, por lo que ningún médico puede convertirse en tutor ejecutivo de un derecho inexistente”.
Como podemos comprobar le preocupaba que preserváramos su dignidad ante una condición de gran fragilidad. Y también le preocupaba la influencia que los cambios legislativos podrían ejercer sobre nuestra actitud ante el enfermo, basándose en la libertad de las personas o en una falsa compasión ante la persona que sufre para que le ayudáramos a adelantar su muerte mediante la eutanasia.
02 | Lo que nos transmitió sobre el final de la vida desde su vivencia personal.
Como persona humana que era padeció enfermedades y dolencias físicas que en parte superó y en parte convivió con ellas, pero también le llegó su final y una de sus enfermedades acabó con su vida. Ninguna de estas circunstancias le impidió seguir ejerciendo su ministerio como sucesor de Pedro.
Antes de entrar en el noviciado de la Compañía de Jesús estuvo ingresado en el hospital por un proceso pulmonar del que fue intervenido quirúrgicamente. Padeció un dolor atroz en el postoperatorio, según él mismo afirma en su autobiografía Esperanza[4]. Aprendió a trascender el sufrimiento que le producía el dolor cuando le dijeron que “estaba imitando a Jesús”. Eso le dio paz. El sufrimiento no había desaparecido, pero adquiría un nuevo valor, un significado. Comprendió que el dolor no es una virtud, pero puede ser virtuoso el modo en que se vive. Todo intento de aliviar el dolor obtendrá resultados parciales si no se funda en la trascendencia. De esta manera nos enseñó a trascender el sufrimiento producido por el dolor.
El Papa un año antes de morir, siempre que tenía la ocasión como podía ser la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo, compartía mensajes muy valiosos sobre los Cuidados Paliativos[5]:
Deseaba que tuviéramos presente que el enfermo necesita nuestra ciencia, pero, sobre todo, nuestro acercamiento humano.
“Que los enfermos terminales reciban siempre los cuidados y el acompañamiento necesarios, tanto desde el punto de vista médico como humano”.
Nos recordaba que hoy por hoy continúa habiendo enfermedades incurables, pero que no existen enfermos incuidables, como decía Francesc Torralba[6].
“Hay dos palabras que, cuando algunos hablan de enfermedades terminales, las confunden: incurable e incuidable. Y no son lo mismo. Curar si es posible, pero cuidar siempre. No siempre se consigue la curación, pero siempre podemos cuidar al enfermo, acariciar al enfermo”.
Considera que la persona tiene cuatro dimensiones que tenemos que cuidar: la física o biológica, la psicológica o emocional, la social o familiar y la espiritual o trascendental. Por ello debemos cuidar de manera integral a la persona. “Todos los enfermos tienen derecho al acompañamiento médico, al acompañamiento psicológico, al acompañamiento espiritual, al acompañamiento humano”.
En nuestra cultura del descarte no hay lugar para los enfermos terminales. Y no es casualidad que, en las últimas décadas, la tentación de la eutanasia haya ido ganando terreno en muchos países. En cambio, el Papa Francisco nos invita a mirar al enfermo con amor, a comprender, por ejemplo, que el contacto físico puede dar mucho, incluso a quien no es capaz de hablar y parece no reconocer ya a sus propios familiares, y a acompañarle de la mejor manera posible durante todo el tiempo que necesite.
Insiste en “garantizar al paciente no solo la atención médica, sino también un acompañamiento humano y cercano”. No se olvida de las familias de los enfermos: “las familias no pueden quedarse solas en esos momentos difíciles; su papel es decisivo y deben tener los medios adecuados para desarrollas el apoyo físico, espiritual y social”.
“Esperanza” para el Papa Francisco siempre ha sido una palabra que la ha tenido presente y la ha compartido con los demás. En el Simposio Interreligioso Internacional sobre Cuidados Paliativos[7] cuyo lema era Hacia una narrativa de la esperanza, que se desarrolló el 23 de mayo de 2024 en Toronto (Canadá) el Papa Francisco dirigió mensajes de esperanza a sus participantes: “La esperanza es lo que nos da fuerza ante las preguntas que plantean los desafíos, las dificultades y las angustias de la vida”. “Como miembros de la familia humana y especialmente como creyentes, estamos llamados a acompañar, con amor y compasión, a quienes luchan y tienen dificultades para encontrar motivos de esperanza”. “Los que sufren por la enfermedad y se acercan a la muerte necesitan el testimonio de esperanza que dan quienes les cuidan y permanecen a su lado”. “Los cuidados paliativos, al intentar disminuir la carga del sufrimiento, son un signo concreto de cercanía y solidaridad con los que sufren. Pueden ayudar a los que afrontan el final de la vida y a sus familiares y seres queridos a aceptar la vulnerabilidad, la fragilidad y la finitud que marcan la vida humana en este mundo”.
Ayudar a adelantar la muerte de quien sufre no es hacerse cargo del sufriente, sino eliminar su vida para eliminar su sufrimiento y sobre esto, la eutanasia, también compartió mensajes: “la eutanasia nunca es una fuente de esperanza o de preocupación genuina por los enfermos y moribundos.”
“La eutanasia es un fracaso del amor, un reflejo de la cultura del descarte, a pesar de ser presentada, falsamente, como una forma de compasión. La verdadera compasión no implica acabar con la vida de alguien, sino estar dispuesto a acompañarle y compartir su sufrimiento físico, emocional, psicológico o espiritual”.
El Papa Francisco insiste sobre el tema de la eutanasia siempre que tiene ocasión para hacerlo. En esta ocasión lo hizo en un congreso médico europeo de la World Medical Association, en el Vaticano en noviembre de 2017[8]. Reitera una y otra vez la posición de la Iglesia contra la eutanasia, aunque defiende que se renuncie a terapias médicas desproporcionadas que no es una práctica eutanásica, sino una buena práctica médica. “La falta de salud o una minusvalía no son una buena razón para excluir y aún menos para eliminar una persona”. “La eutanasia es ilícita para la doctrina de la Iglesia, y eso no cambiará, pero evitar el ensañamiento terapéutico innecesario no significa acabar con la vida de una persona”. “No poner en práctica medios desproporcionados o suspender el uso equivalente a evitar el ensañamiento terapéutico, es decir, a realiza una acción que tiene un significado ético completamente diferente a la eutanasia.” “La eutanasia siempre es ilícita en cuanto se propone interrumpir la vida, procurando la muerte”.
Francisco afirmaba que “la medicina paliativa es de vital importancia para aliviar el dolor y la soledad que convierten el momento inevitable de la muerte en un trance aún más angustioso y con más sufrimiento”. El dolor deshumaniza el proceso de morir y la soledad es uno de los síntomas que más hacen sufrir a quien está en el umbral de salida de esta vida. Por ello, controlar el dolor y acompañar en la soledad son dos grandes objetivos de los Cuidados Paliativos.
Como Pontífice firmó dos documentos en los últimos años (2020 y 2024) que tienen mucho que ver con los Cuidados Paliativos y que, sin duda, trató de plasmar en ellos lo que él comenzaba a percibir sobre la importancia que tenían estos cuidados cuando presentía que su final se acercaba. Considero que estos documentos de la Iglesia sobre la dignidad y los cuidados al final de la vida desde una mirada cristiana están siendo verdaderas guías éticas y morales para los profesionales que nos dedicamos a los Cuidados Paliativos.
Uno de los documentos es la Carta Samaritanus bonus de la Congregación para la Fe sobre el cuidado de las personas en las fase críticas y terminales de la vida. 22.09.2020. De este documento deseo destacar la doctrina que se desprende para poder responder a la pregunta ¿cómo debe ser nuestro acompañamiento espiritual a quienes desean adelantar su muerte? que en muchas ocasiones se plantean algunos agentes de Pastoral de la Salud. Aunque quien nos solicite acompañamiento espiritual desee adelantar su muerte y dicho deseo vaya en contra de nuestra creencia, también se merece que estemos junto a él en el trance difícil del final de su vida. Hemos de respetar la individualidad y no hemos de juzgar las decisiones de nuestros enfermos, aunque sean contrarias a las nuestras. Tampoco lo debemos abandonar si él desea que continuemos acompañándole. Pero sí debiéramos retirarnos cuando se vaya a llevar a cabo el acto eutanásico. Dicho documento nos lo deja meridianamente claro: “No sería admisible por parte de quienes asisten espiritualmente a estos enfermos ningún gesto que pueda ser interpretado como una aprobación de la acción eutanásica, como por ejemplo estar presentes en el instante de su realización. Esta presencia solo puede interpretarse como complicidad”.
El otro documento al que me refería es la Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe “Dignitas infinita sobre la dignidad humana”, 08.04.2024. De este documento deseo destacar su doctrina sobre la eutanasia, sobre la adecuación del esfuerzo terapéutico y sobre la atención integral a la persona:
“Está muy extendida la idea de que la eutanasia o el suicidio asistido son compatibles con el respeto a la dignidad de la persona humana”. “Ciertamente, la dignidad del enfermo es condiciones críticas o terminales, exige que todos realicen los esfuerzos adecuados y necesarios para aliviar su sufrimiento mediante unos cuidados paliativos apropiados y evitando cualquier encarnizamiento terapéutico o intervención desproporcionada”. “Estos cuidados responden al constante deber de comprender las necesidades del enfermo: necesidad de asistencia, de alivio del dolor, necesidades emotivas, afectivas y espirituales”. “Debemos acompañar a la muerte, pero no provocar la muerte o ayudar cualquier forma de suicidio”.
Durante su pontificado se ha publicado en 2019 un documento muy importante y trascendental para la promoción de los Cuidados Paliativos en el mundo; este documento es el Libro Blanco para la Promoción de los Cuidados Paliativos Globales, en el que un grupo consultivo de expertos PAL-LIF de la Pontificia Academia para la Vida redactó una serie de recomendaciones dirigidas los responsables políticos para asegurar el acceso universal a los cuidados paliativos; a las instituciones académicas para que ofrezcan asignaturas obligatorias sobre cuidados paliativos a los estudiantes; a los trabajadores sanitarios para que estos profesionales de los cuidados paliativos reciban la certificación adecuada; a los hospitales y centro de salud para que puedan tener acceso a los medicamentos necesarios en cuidados paliativos; a las asociaciones de cuidados paliativos para que defiendan eficazmente y trabajen con el gobierno durante el proceso de puesta en marcha del marco político internacional.
Este libro blanco supone un posicionamiento de la Pontificia Academia para la Vida (PAV) con respeto a la defensa y promoción de los Cuidados Paliativos
Durante su pontificado lideró una apuesta muy decisiva sobre el desarrollo de los Cuidados Paliativos y la doctrina de la Iglesia actualizada sobre la Medicina Paliativa.
La muerte del Papa Francisco fue una muerte discreta, casi repentina, sin largas esperas ni demasiado clamor. Sencillamente, se fue con la sencillez que él siempre ejerció. Pero al menos tuvo tiempo para dejar un gran legado sobre algunos aspectos importantes de la doctrina católica sobre los cuidados paliativos.
03 | A modo de conclusión
Deseo que al terminar de leer este artículo recordemos un concepto al que el Pontífice ha hecho referencia con bastante frecuencia, “la cultura del descarte”. Consideraba que las víctimas de tal cultura son los seres humanos más frágiles, que corren el riesgo de ser “descartados” por un engranaje que quiere ser eficaz a toda costa[9].
El Papa Francisco nos animó a crecer en la cultura de la misericordia y la solidaridad en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos.

