Skip to main content Scroll Top
19th Ave New York, NY 95822, USA
LH_344_art 06
06 | Num.344
Bioética en el Papa Francisco

Mª Carmen Massé García
Doctora en Teología, Médico de Familia, Máster en Bioética.
Directora del Máster Universitario en Bioética.
Universidad Pontificia Comillas. Madrid (España)

El pensamiento del Papa Francisco propone una comprensión de la salud enmarcada en la ecología integral, especialmente desarrollada en Laudato Si’ y otros textos posteriores. Esta visión amplía el concepto clásico de salud al integrarlo en un sistema de relaciones ecológicas, sociales, culturales y espirituales, donde el equilibrio entre dichas dimensiones resulta esencial para el bien de la vida humana.
El artículo destaca que la actual crisis socioambiental está vinculada al paradigma tecnocrático y a un antropocentrismo desviado que rompe las relaciones fundamentales del ser humano. Frente a ello, se propone una conversión ecológica que transforme estilos de vida y estructuras sociales, promoviendo una síntesis de saberes científicos, culturales y espirituales. Así, la salud se entiende como un bien común que depende del cuidado de la casa común, subrayando la urgencia de acciones colectivas orientadas a la justicia social y ecológica.
Palabras clave: Bioética, Papa Francisco, Cuidado de la vida, misericordia
Can we speak of bioethics of Pope Francis? Certainly not in terms of intention, since at no time has he shown particular interest in the ethical conflicts that filled the magisterial pages of some of his predecessors. Francis, without remaining focused on norms and sanctions, chose instead to approach bioethics from its very foundations to shift our perspective: toward more creative bioethics, one rooted in discernment, mercy, and context. Yet he did not stop there; rather, he gradually outlined a distinctive profile, highlighting new bioethical concerns for a changing society, offering responses grounded in dialogue with the most vulnerable, and conveying a message of hope for all. This article offers an exploration of the bioethics of a Pope who sought to transform our way of seeing and to offer a word born from the heart of those who suffer most.
Keywords: Bioethics, Pope Francis, life care, mercy

¿Puede hablarse de una bioética del Papa Francisco? El Papa Francisco no ha hecho bioética, ni siquiera tuvo intención de hacerla. Y, digo más, el Papa Francisco no mostró gran interés por ofrecer grandes reflexiones morales sino más bien por buscar soluciones pastorales a las personas que sufren cuando su vida o su salud está amenazada por el motivo que fuere. En definitiva, si Juan Pablo II se destacó como moralista y Benedicto XVI como el teólogo que siempre fue, Francisco ha sido un pontífice eminentemente pastor. Un buen Pastor y con olor a oveja.

Pero, en sus doce años de pontificado, ha tenido que afrontar no pocas cuestiones que han demandado una palabra que diera luz a tantas amenazas contra la vida más vulnerable, y es ahí donde nos detendremos en estas páginas para conocer cómo y desde qué fundamentos ha pensado Francisco la respuesta a la más antigua pregunta moral de los primeros cristianos: ¿Qué tenemos que hacer? (Hch 2,37). Para ello, veremos la novedad de la Bioética de Francisco tanto en el fondo como en la forma, sus cimientos y su estilo para, desde ahí, intentar comprender mejor las propuestas concretas.

Apenas llevaba un año de pontificado cuando el jesuita Antonio Espadaro publica un libro 

fruto de una larga y pausada entrevista el Papa Francisco en la que deja claro desde el inicio algunas cuestiones relevantes:

“No podemos insistir solo en las cuestiones ligadas al aborto, al matrimonio homosexual y al empleo de los métodos anticonceptivos. Esto no es posible. Yo no he hablado mucho de estas cosas, y esto me ha sido echado en cara. Pero cuando se habla, hay que hablar en un contexto. La opinión de la Iglesia, por otro lado, ya la sabemos, y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario hablar permanentemente” (Spadaro, 2014, pp. 72-73).

No toda la moral de la persona se reduce al aborto, la homosexualidad o la anticoncepción, parece que son temas que, por tan repetidos, ya no ayudan y se sacan de los contextos. Y sí, Francisco es hijo de la Iglesia y no puede esperarse que vaya a decir nada diferente a la propuesta ética del Magisterio ya conocida… ¿o sí? Quizás se trata de la misma letra, pero con muy distinta música para esta sinfonía.

01 | La novedad de Francisco en el fondo

La gran novedad que imprime el Papa Francisco a la bioética es la estructura que sostiene su pensamiento, un sencillo armazón con cuatro pilares de suave aroma a Evangelio, como desarrollaremos a continuación.

1/1 El primer rasgo que quisiera subrayar en Francisco es que piensa la bioética desde la libertad de los hijos de Dios, esa libertad que se arriesga por amor sin miedo a caer y mancharse. Podríamos decir que se trata de un modo creativo y sin miedo de pensar la bioética, cambiando el ángulo de visión. Es lo que, de forma programática, expresó en su primera encíclica:

“En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas. Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida” (Evangelii gaudium, 2013, n. 43).

Hemos de separar el grano de la cizaña, distinguir la buena noticia del Reino de los revestimientos culturales que hoy han perdido su carácter pedagógico llevando, en ocasiones, a quedarnos paralizados mirando un dedo sin descubrir la belleza de la luna que nos está señalando. Revisar “normas o preceptos eclesiales” que ya no son cauces de vida para buena parte de la sociedad es un delicado ejercicio que invitó a realizar a todas las personas e instituciones eclesiales con una palabra autorizada para ello: pastores, teólogos, Pontificios Consejos, Conferencias Episcopales, etc.

1/2 En segundo lugar, y como no podía ser de otro modo, la reflexión bioetica de Francisco, un Papa jesuita, está profundamente atravesada por el discernimiento. Para poder hacer una bioética creativa y sin miedo el único camino posible es desde el discernimiento, como hemos visto en la cita inicial. No es una bioética normativa que llama al cumplimiento casi irracional de unas normas que garanticen los resultados salvíficos esperados. Podría ser una propuesta atractiva para ciertos colectivos, con seguridades y garantías, pero perderíamos la frescura del Evangelio, la libertad entregada, la responsabilidad comprometida de una fe adulta.

Francisco dedicó al discernimiento catorce catequesis de forma monográfica entre agosto de 2022 y enero de 2023; buena parte del capítulo octavo de la encíclica Amoris laetitia (2016) invitando a discernir y acompañar pastoralmente las situaciones irregulares que viven las familias; un capítulo entero en la exhortación apostólica Gaudete et exultate (2018); otro capítulo en Christus vivit (2019) … e innumerables mensajes, discursos y palabras dirigidas a los fieles en diferentes contextos.

Discernir implica poner en contexto la reflexión, encarnar los pensamientos tan a menudo abstractos y desencarnados. Ya vimos cómo invitaba a hablar de las cuestiones éticas más delicadas siempre desde un contexto. Podemos entonces calificar la bioética como contextual. Discernir nos ayuda a ponernos delante de Dios y preguntarle cómo quiere que cuidemos la vida, poniendo en el centro a las personas, especialmente las más vulnerables.

1/3 En tercer lugar, podemos afirmar sin la menor duda que la bioética de Francisco ha sido formulada desde, con y para la misericordia. Con motivo del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, Francisco celebró el Jubileo de la Misericordia, poniendo así de manifiesto dónde está el centro sobre el que debe pivotar cualquier otro principio, valor o virtud. Y en el ámbito moral y de la bioética quiso ser especialmente explícito:

“Es verdad que la misericordia no excluye la justicia y la verdad, pero ante todo tenemos que decir que la misericordia es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios” […] “Esto nos otorga un marco y un clima que nos impide desarrollar una fría moral de escritorio al hablar sobre los temas más delicados, y nos sitúa más bien en el contexto de un discernimiento pastoral cargado de amor misericordioso, que siempre se inclina a comprender, a perdonar, a acompañar, a esperar, y sobre todo a integrar. Esa es la lógica que debe predominar en la Iglesia, para realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales” (Amoris laetitia, 2016, nn. 311 y 312).

1/4 Y es aquí donde se encuentra el rasgo más distintivo de Francisco en el modo de pensar, proponer y comprender la bioética que en pocos foros o instituciones eclesiales se han visto: una bioética que busca acompañar, comprender lo incomprensible, perdonar lo que para muchos es imperdonable, esperar cuando nadie espera y llamar a los que andan perdidos.

Hacer bioética desde aquí, no sé si nos hace más sabios, pero sin duda nos acerca mucho más a Dios.

02 | La novedad de Francisco en la forma

Discernimiento, creatividad, misericordia y contexto son algunos de los cimientos desde los que Francisco ha propuesto la moral y, por ende, la bioética. Son los ingredientes necesarios para poder acompañar a los hombres y mujeres que, además, necesitan escuchar una palabra autorizada que ilumine tantas dudas y conflictos éticos que el mundo de hoy nos genera. Con estos ingredientes pueden ofrecerse muchas propuestas diferentes, pero Francisco ha abierto las puertas a algunas novedades significativas en la forma de hacer y pensar la bioética.

2/1 Como ya mostrábamos en la incipiente entrevista que le hizo Spadaro, Francisco no tenía especial interés en los temas de siempre, los que han acaparado las grandes discusiones de moralistas desde hace casi un siglo ya: nuevas preocupaciones morales para tiempos nuevos.

Francisco ha sido el primer pontífice en dedicar una encíclica al tema de la ecología (Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común), un tema que ha preocupado a la humanidad muy especialmente desde el último tercio del pasado siglo XX, y hemos tenido que esperar hasta 2015 para conocer la posición del magisterio pontificio sobre ello. Cinco años después, publicó la exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia (2020), recogiendo algunas reflexiones del sínodo junto a sus “grandes preocupaciones” (Querida Amazonia, 2020, n. 2) sobre este tema en el que se juega muy en concreto la ecología integral tan anhelada. Y, apenas tres años más tarde, publica la exhortación Laudate Deum (2023) sobre la crisis climática. No hay duda de que la ecología es un tema nuclear que estuvo en la mente y el corazón de Francisco.

Otro tema que fue objeto de especial preocupación fue la familia. No parece un tema especialmente novedoso, pues no hay pontífice en el último siglo que no se haya preocupado de la familia, “Iglesia doméstica”. La novedad no estriba tanto en el tema como en el enfoque. A diferencia de sus predecesores, Francisco no marca la meta a la que llegar o el ideal al que aspirar como familia cristiana. Francisco pone la familia real en el centro, con sus fragilidades, vulnerabilidades, con sus fracasos y sus heridas no siempre sanadas. En la exhortación apostólica Amoris laetitia, Francisco dedica todo el capítulo VIII en ofrecer cauces para “acompañar, discernir e integrar la fragilidad” y despliega todo su armazón moral de discernimiento, misericordia, creatividad y contexto para integrar a quienes se sienten excluidos, acercar a los que se creen alejados y dar esperanza a todos, dando pequeños pasos que, gradualmente, nos vayan acercando al deseo de Dios para todos.

2/2 Lejos de la imagen reduccionista que muchos sectores sociales tienen de la propuesta ética de la Iglesia, Francisco ha dado una impronta novedosa a la forma de hacer bioética: una bioética desde la esperanza. Sin esperanza, no hay ética posible, ¿por qué habríamos de cuidar la vida si ya todo está perdido, si la humanidad no tiene remedio?

Francisco pone al ser humano en el centro y lo contempla con una mirada diferente. Dentro de cada ser humano hay -más o menos escondido- un mensaje de esperanza para todos. En esta sociedad, podemos instalarnos en el lamento por tanto mal que hacemos, por el silencio de quienes no denunciamos, por la inacción de quienes soñamos un mundo distinto… Pero hay que entrenar la mirada para saber apreciar los pequeños signos de esperanza, los granitos de mostaza que pueden cambiar el mundo.

Francisco reconoce que hay una mayor conciencia social hacia el cuidado del medio ambiente (Laudato Si’, 2015, n. 19); que aún en nuestro silencio o inacción, Dios nos anima a hacer el bien posible aunque no lleguemos al ideal (Amoris laetitia, 2016, n. 308); que los jóvenes son el futuro y estamos en buenas manos, pues es así como los ve Dios: “el corazón de cada joven debe por tanto ser considerado «tierra sagrada», portador de semillas de vida divina, ante quien debemos “descalzarnos” para poder acercarnos y profundizar en el Misterio” (Christus vivit, 2019, n. 67).

Porque otra forma de pensar y soñar la humanidad es posible, desde la fraternidad, la sororidad, la amistad social (Fratelli tutti, 2020, n. 127).

2/3 El tercer rasgo propio del modo de hacer bioética del Papa Francisco que quisiera subrayar es el diálogo. No hay bioética posible de escritorio (Evangelii gaudium, 2013, n. 133), ni tampoco de púlpitos y estrados. El discernimiento, el contexto y la misericordia sólo pueden ejercitarse desde el diálogo, en compañía, con otros. El Sínodo de la Familia de 2015 se vio precedido de una encuesta de 46 preguntas en línea abiertas a quienes quisieran responderlas desde el mundo entero. Y el Pueblo de Dios habló, alto y claro. Francisco ha escuchado a las víctimas, a los enfermos, a las personas excluidas por su orientación y/o identidad sexual, a los ancianos, a los migrantes, a los alejados de la fe, a las familias que viven en situación irregular, a los presos, a mujeres prostituidas y a todo el que ha querido acercarse sin sentirse juzgado.

Sólo escuchando a quienes sufren las heridas del amor y de la fe puede ofrecérseles una palabra de aliento, esperanza y misericordia, sin negar la verdad que somos y afirmando la justicia de Dios inclinada al perdón.

2/4 Y, por último, quisiera subrayar un rasgo especialmente relevante para quienes nos dedicamos a la pensar éticamente el cuidado de la vida desde la fe: la teología debe proponerse como puente entre ciencia, tecnología y sociedad, fomentando la escucha mutua y la comprensión recíproca (Francisco, 20 de febrero de 2023).

La bioética teológica que se nos pide no tiene ya por objeto hacer una defensa férrea de la moral y las costumbres que quizás -y sólo quizás- puedan desviar la atención de lo que es realmente importante. La bioética teológica debe centrar sus esfuerzos en mostrar un “nuevo humanismo” que marque las fronteras éticas de la ciencia y la técnica que parecen no atender a límite alguno. Sólo la intrínseca dignidad de cada ser humano puede encaminar los pasos de la biomedicina hacia un mundo más justo y fraterno (Francisco, marzo 2022). Sin ese límite, quizás algún día hayamos perdido el control sobre la ciencia que salió de nuestras manos.

Por este motivo, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó en 2024 la declaración Dignitas infinita, que hubo de ser revisada para responder a la petición específica de Francisco de abordar las principales violaciones que se producen en nuestro tiempo de la dignidad humana, y así se desarrolla el punto cuarto del documento: migraciones, trata de personas, abusos, aborto, gestación subrogada, eutanasia, personas con discapacidad, disforia de género entre otras cuestiones son abordadas a la luz de la fe para dar una respuesta desde la comprensión y la escucha de las personas implicadas.

“A vino nuevo, odres nuevos” (Mt 9,17). También una sociedad marcada por nuevas tecnologías y sensibilidades morales necesita una bioética más propositiva, creativa, esperanzada, dialogante y “pontificia”, que sea realmente puente entre lo que está alejado y separado.

03 | Una bioética de gestos

Pero, si hay algo que ha caracterizado al Papa Francisco desde el momento que se asomó por el balcón central de la basílica de San Pedro aquel 13 de marzo de 2013 son los gestos. Y la bioética no se ha escapado de este sello propio. Pocos recordarán grandes discursos y documentos que son centro de atención para teólogos, pero grabados en la retina de todos están su abrazo a Vinicio Riva, enfermo con neurofibromatosis el 6 de noviembre de 2013, o su denuncia “¡vergogna!” ante la tragedia ocurrida en Lampedusa en octubre de ese mismo año, o arrodillado cada Jueves Santo lavando pies de hombres y mujeres en cárceles italianas.

Como hemos señalado desde el inicio, Francisco se siente hijo de la Iglesia y no pretende salirse de la propuesta ética del Magisterio eclesial del que se siente custodio. Sin embargo, vamos a señalar a continuación algunos matices, subrayados y especificidades que nos animan a cambiar la mirada bioética sobre el cuidado de la vida vulnerable para hacerla más humana y más evangélica.

3/1 Cuidar la vida en sus comienzos. En este ámbito, el giro ha sido muy significativo: Francisco ya no pone todo el foco en el aborto, en la defensa de la vida no nacida desde la concepción, sino que abre esta defensa igualmente férrea al cuidado de todos los niños, también con discapacidades, los excluidos del mundo, los enfermos, los que no cuentan. Y este sencillo gesto se contagió rápidamente. Es muy significativo el cambio que experimentaron las campañas publicitarias en torno a las Jornadas por la vida en la festividad de la Encarnación que, hasta 2013 estaban explícitamente dirigidas a la lucha contra el aborto y la defensa del no nacido. Con la llegada de Francisco fueron cobrando mayor protagonismo otras vidas también amenazadas desde sus inicios.

Francisco denunció alto y claro el aborto y, justificarlo -afirmó Francisco- es una “falsa compasión” que ahonda en la cultura del descarte. Pero también hay que cuidar a los niños, todos los niños, también cuando causan problemas y preocupaciones, pues tampoco ayuda tener una visión dulcificada de la crianza de los hijos. Con realismo, compasión y ternura, Francisco afirma que ninguna vida humana es un “error”:

“Numerosos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, les roban su infancia y su futuro. Alguno se atreve a decir, casi para justificarse, que fue un error hacer que vinieran al mundo. ¡Esto es vergonzoso! No descarguemos sobre los niños nuestras culpas, ¡por favor! Los niños nunca son «un error». Su hambre no es un error, como no lo es su pobreza, su fragilidad, su abandono —tantos niños abandonados en las calles; y no lo es tampoco su ignorancia o su incapacidad—; son tantos los niños que no saben lo que es una escuela. Si acaso, estos son motivos para amarlos más, con mayor generosidad” (Audiencia general del miércoles, 8 de abril de 2015).

3/2 Cuidar la vida en su final. Tampoco hay novedad en su rechazo a la eutanasia y al suicidio médicamente asistido, si bien tampoco es el centro de su reflexión. Francisco da todo el protagonismo a los ancianos, los enfermos, las personas más frágiles en esta sociedad que sistemáticamente mira hacia otro lado, los descarta. Francisco contempla en la vida que se acaba toda la belleza que le es propia, en su enfermedad, en su ancianidad. Y, al mismo tiempo, admira los progresos técnicos que hacen que el final del camino pueda recorrerse lo más humanamente posible (Francisco, 5 de marzo de 2015).

Y desde aquí emerge, casi de forma espontánea en sus discursos, el valor de aquello que nos hace verdaderamente humanos: el cuidado y éste como el verdadero rostro del servicio. Y así es como hemos de relacionarnos todos: “El servicio es en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo” (Fratelli tutti, 2020, n. 115).

04 | Un apunte final: el último y más elocuente gesto.

Quisiera terminar con el último y más elocuente gesto de Francisco, su bioética encarnada, en primera persona, silenciosa e imborrable: su deseo de mostrarse al mundo en toda su vulnerabilidad, en silla de ruedas, con unas gafas nasales y apenas una camiseta y una manta que lo cubría. Era el 6 de abril de 2025, le quedaban apenas quince días de vida.

En marzo, había publicado un mensaje desde el hospital en el que agradecía a Dios “la oportunidad de compartir en cuerpo y espíritu la condición de todos los enfermos y personas que sufren” sintiendo “en el corazón la bendición que se esconde en la fragilidad”.

El último Magisterio de un Papa pastor con olor a oveja fue el que él mismo calificó de “Magisterio de la fragilidad”, el único que “si fuera escuchado, haría nuestras sociedades más humanas y fraternas, induciendo a cada uno de nosotros a comprender que la felicidad es un pan que no se come a solas” (Francisco, 3 de diciembre de 2022). La fragilidad fue su último aprendizaje como ser humano y su Magisterio más elocuente.

Bibliografía
Bofarull Buñuel, M. (2022). Escuchando al Papa Francisco. Perspectiva bioética. Revista Latinoamericana de Teología, 116, 147–159.
Chacón Huertas, V. (2017). La “bioética oral” del papa Francisco. Moralia, 40(153), 7–28.
Francisco (20 febrero 2023). Mensaje a la Pontificia Academia para la Vida.
Francisco (2013). Exhortación apostólica Evangelii gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual.
Francisco (5 marzo 2015). Mensaje a la Pontificia Academia para la Vida.
Francisco (8 abril 2015). Audiencia general del miércoles.
Francisco (2015). Encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común.
Francisco (2016). Exhortación apostólica Amoris laetitia sobre el amor en la familia.
Francisco (2019). Exhortación apostólica Christus vivit a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios.
Francisco (2020). Encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social.
Francisco (2020). Exhortación apostólica Querida Amazonia.
Francisco (marzo 2022). Red Mundial de oración del Papa Francisco.
Francisco (3 diciembre 2022). Mensaje para el Día Internacional de la Discapacidad.
Giménez Rodríguez, C. (2022). Cuidado de la vida vulnerable en el papa Francisco: Bioética y Pastoral de la Salud. Razón y Fe, 286286(14581458), 3939–5151.
Rosas Jiménez, C. A. (2016). Bioética de la esperanza: claves desde la Laudato Si´. Perseitas, 4(2), 185–201.
Spadaro, A. (2014). Papa Francisco. Mi puerta siempre está abierta. Barcelona: Planeta.