En este artículo, la autora dirige nuestra atención, en primer lugar, a la dimensión antropológica de la esperanza. Una esperanza contemplada como un elemento constitutivo de nuestra naturaleza, como algo innato, esperanza natural, pero que aguarda nuestra decisión y acción para convertirse en una gran posibilidad en nuestra
existencia: la virtud de la esperanza.
Posteriormente, analiza cómo la gracia actúa en nuestra naturaleza y cómo, al abrirnos a ella y acogerla, puede transformar nuestros deseos más profundos y llevarnos más allá de nuestras propias posibilidades: la esperanza teologal.
Para terminar, muestra por qué esta esperanza, a pesar de las apariencias, cuando se abre a los otros, no defrauda; y cómo los lugares de sufrimiento y dolor, ruptura y disminución se convierten en los espacios más propios de la emergencia de esta esperanza.

