El artículo reflexiona sobre el acompañamiento espiritual como fuente generadora de esperanza, tomando como inspiración la parábola del Buen Samaritano y la
espiritualidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
A través de la figura del Samaritano, se plantea un modelo de cuidado integral basado en la compasión activa, la cercanía y la atención a la vulnerabilidad humana.
Se subraya que el acompañamiento espiritual no consiste en ofrecer soluciones inmediatas, sino en sostener con presencia, empatía y apertura trascendente a quien
sufre. Desde una perspectiva teológica, filosófica y ética, se reconoce la vulnerabilidad como condición universal y lugar de encuentro con el otro y con Dios, donde surge
la esperanza como resistencia frente a la desesperanza.
El artículo aborda la “ética del encuentro”, inspirada en autores como Lévinas, Ricoeur, Torralba y Frankl, destacando la centralidad del rostro del otro y la responsabilidad de responder con cuidado y amor gratuito. En conclusión, el acompañamiento espiritual es presentado como un acto radical de hospitalidad y misericordia que transforma el sufrimiento en espacio de dignificación y genera un horizonte de esperanza para la vida personal y comunitaria.

