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LH344_art 08
08 | Num.344
Ecología y salud
desde el legado del papa Francisco

Juan Antonio Senent de Frutos
Profesor del Departamento de Humanidades y Filosofía.
Universidad Loyola Andalucía.

El pensamiento del Papa Francisco propone una comprensión de la salud enmarcada en la ecología integral, especialmente desarrollada en Laudato Si’ y otros textos posteriores. Esta visión amplía el concepto clásico de salud al integrarlo en un sistema de relaciones ecológicas, sociales, culturales y espirituales, donde el equilibrio entre dichas dimensiones resulta esencial para el bien de la vida humana.
El artículo destaca que la actual crisis socioambiental está vinculada al paradigma tecnocrático y a un antropocentrismo desviado que rompe las relaciones fundamentales del ser humano. Frente a ello, se propone una conversión ecológica que transforme estilos de vida y estructuras sociales, promoviendo una síntesis de saberes científicos, culturales y espirituales. Así, la salud se entiende como un bien común que depende del cuidado de la casa común, subrayando la urgencia de acciones colectivas orientadas a la justicia social y ecológica.
Palabras clave:Ecología integral, Francisco, Laudato Si´, cuidado de la casa común, salud integral.
The thought of Pope Francis proposes an understanding of health framed within the paradigm of integral ecology, most notably developed in Laudato Si’ and subsequent writings. This perspective broadens the classical concept of health by embedding it within a network of ecological, social, cultural, and spiritual relationships, in which the balance among these dimensions is essential for the flourishing of human life.
The article emphasizes that the current socio-environmental crisis is closely linked to the technocratic paradigm and to a distorted anthropocentrism that disrupts the fundamental relationships of the human person. In response, it advances the need for an ecological conversion capable of transforming lifestyles and social structures, fostering an integration of scientific, cultural, and spiritual forms of knowledge. Within this framework, health is understood as a common good that depends upon the care of our common home, highlighting the urgency of collective action oriented toward social and ecological justice.
Keywords: Integral ecology, Pope Francis, Laudato Si’, care for our common home, integral health
“Yo les agradezco lo que hacen. No sólo buscar soluciones médicas, farmacológicas,
sino también acariciar la salud, es decir, pensar sobre el bien de la salud
y cómo conservar ese bien. No sólo curar, sino conservar” (Francisco, 2023)[1]

El magisterio del papa Francisco sobre ecología integral a partir de su carta encíclica Laudato Si´. Sobre el cuidado de la casa común (2015), proseguido con la exhortación apostólica posterior al sínodo de la Amazonía (2019), Querida Amazonía (2020), y actualizado con la exhortación Laudate Deum. Sobre la crisis climática (2023), sitúa en un amplio y complejo campo, tanto el concepto de salud, como las formas de su cuidado. Se trata tanto de un abordaje integrador de saberes, teológicos, espirituales y culturales, como de conocimientos científicos ecológicos, biomédicos y sociales, que quiere mover a distintos actores, y en todas las escalas territoriales, a un compromiso transformador por el cuidado de la casa común ante la urgencia de la crisis eco-social a nivel planetario, pues implica decisivas consecuencias negativas tanto para la vida humana y del conjunto de la Tierra, como especialmente para las comunidades empobrecidas y vulnerables.

Desde ahí se amplía el campo para la comprensión y cuidado de la salud, que más allá de la ya clásica propuesta de la OMS como estado completo de bienestar biopsicosocial, al considerarla ahora, a su vez, también desde otras dimensiones e interacciones reales e integradas dinámicamente en el bien de la salud humana.

A la luz de este abordaje, podemos por nuestra parte avanzar una definición de la misma, entendiendo la salud como un bien de los sujetos condicionado y posibilitado por el equilibrio dinámico de interacciones ecológicas, corporales, psíquicas, espirituales, culturales, sociales y políticas que hace viable la vida humana y permite el desarrollo integral, armónico y justo de los sujetos que sostienen sus vidas en los distintos sistemas socioecológicos que, a su vez, están en interdependencia en toda la Tierra.

No es esta una visión aditiva o compuesta, sino integrada y compleja de dimensiones reales y operativas cuyo ajuste posibilita este bien, o en caso contrario, cuyo desequilibrio genera el mal de las enfermedades humanas. En esta línea, en primer lugar, las causas de las enfermedades son múltiples, y pueden, a su vez, estar integradas por distintos e incluso coadyuvantes desajustes (ecológicos, espirituales, culturales, sociales o políticos) que dificultan o impiden el sostenimiento de las personas a lo largo de su decurso vital. Pero, en segundo lugar, esta visión exige una consideración más amplia e interdependiente de las propias enfermedades, pues pueden suponer articulaciones de males humanos a distintos niveles, los cuales tienen efectos negativos sobre las otras dimensiones de la salud humana (Laudato Si’, 29; 32). Y, en tercer lugar, también las formas de cuidado de la salud son diversas y complementarias operando a través de distintas instituciones, prácticas y saberes.

De modo especialmente profético y poético, Francisco trata de despertarnos ante el alcance de la situación de la “hermana nuestra madre tierra”: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura” (Laudato Si’, 2).

El fecundo camino recorrido desde Laudato Si’, no le exime a Francisco de evaluar el alcance de las reacciones y la continuidad y desafíos de los desajustes socioecológicos. Ello le llevó en 2023 a publicar Laudate Deum: “Han pasado ya ocho años desde que publiqué la Carta encíclica Laudato Si’, cuando quise compartir con todos ustedes, hermanas y hermanos de nuestro sufrido planeta, mis más sentidas preocupaciones sobre el cuidado de la casa común. Pero con el paso del tiempo advierto que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre. Más allá de esta posibilidad, es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc.” (2).

Por ello, en nuestro contexto histórico, Francisco nos urge a superar un camino deshumanizador e imposibilitante de la vida buena de los pueblos y de la Tierra, como es el paradigma tecnocrático, y a reconstruir el horizonte utópico desde una ecología integral para guiar el reajuste de las acciones y formas de vida en línea con una conversión ecológica que haga posible una salud integral de las comunidades y de nuestra casa común. Así, Francisco en el día mundial del medio ambiente nos comunicaba: “Necesitamos una ecología humana integral que transforme nuestros estilos de vida, nuestra relación con los recursos de la Tierra; que incluya no sólo las cuestiones ambientales, sino también al hombre en su totalidad, respondiendo al clamor de los pobres”[2]; y a continuación: “En este Decenio para la Restauración de los #Ecosistemas debemos recuperar los distintos niveles del equilibrio ecológico: el interior con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con los seres vivos, el espiritual con Dios”[3].

01 | El paradigma tecnocrático globalizado como camino cultural desajustado

Señala Francisco en Laudato Si’ que en la actualidad no sólo hay un principio antrópico o una raíz humana de la crisis socioambiental a nivel planetario, pues ésta no es sólo fruto de acciones humanas, sino de un camino cultural en el que estas desarrollan una lógica específica. Ese camino cultural es el abierto por la modernidad en siglos anteriores, y cuyo cambio de modelo antropológico (su denominado “antropocentrismo”) con respecto a las tradiciones anteriores de las que partía, tuvo y tiene consecuencias sistémicas en toda la constelación cultural moderna que se ha ido globalizando en los últimos siglos. Y ello con particular intensidad en los dos últimos de revolución industrial gracias a la expansión tecnocientífica, cuyos efectos modernizadores son hoy visibles en todo el planeta.

En este contexto, el juicio crítico que se realiza en esta encíclica del giro antropocéntrico moderno se puede sintetizar en tres notas: sometido a la técnica (113-115), desmesurado (116-117) y desviado (118-119), que dan cuenta de que la realización y relación del ser humano que se orienta desde esta lógica cultural con respecto a las otras instancias no está a la altura de las mejores posibilidades humanas. Así, señala que es “una concepción equivocada so­bre la relación del ser humano con el mundo” (116).

El antropocentrismo moderno ha terminado colocando la razón técni­ca por encima de toda realidad (115), situando al ser humano en una suerte de espacio vacío, donde no hay relación constitutiva con las otras instancias de la realidad, con su propia corporeidad, ni con la naturaleza en la que habita, ni con otros modos de ejercer la racionalidad humana en escucha respetuosa de las otras instancias. Por ello, este tipo de antropocentrismo no es simplemente un asunto secular o un proceso de secularización o de “desencantamiento del mundo”.

Justamente en cuanto propuesta secularizadora, es una respuesta cultural que articula de un modo preciso la dimensión espiritual y religiosa del ser humano en la modernidad. Para ello se reinterpretó la posición y el sentido que tiene el ser humano en el conjunto de la realidad. De la posición del ser humano como responsable de su suerte en la Tierra y custodio de la creación hecha por Dios según la tradición judeocristiana originaria, que puede ser compartida por muchos otros pueblos y culturas, a la consideración del ser humano como propietario de la naturaleza al que le es lícito dominarla sin límites y, por tanto, de un modo también destructivo, no ya para “cultivarla y cuidarla” (Génesis 2, 15). Y es la propia lógica moderna la que orienta esta interpretación que no responde a su núcleo originario y supone una ruptura con las sociedades anteriores, también las occidentales.

Así, este antropocentrismo se proyectó ante la naturaleza como un “sueño prometeico de dominio del mundo, que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de débiles” (116).  Si la naturaleza no es acreedora de cuidado, tampoco lo es de respeto los seres vivos y los ecosistemas. Por ello, como viera Romano Guardini, no se siente la “naturaleza como norma válida”[4], algo a respetar en su estructura, dinamismo y finalidad propia. Ello permite también despreciar a las sociedades tradicionales en cuanto traten a la naturaleza con cuidado y frente a la que deben acompasar la actividad humana teniendo que respetar sus ritmos, la existencia de los seres vivos, los ecosistemas y su continuidad. Algunas de sus secuelas actuales son los transgénicos producidos por la biotecnología, o el transhumanismo.

La salida a estos desajustes que provoca el antropocentrismo moderno señala Francisco, “no debe dar paso a un `biocentrismo´, porque eso implicaría incorporar un nuevo desajuste” (119). La propuesta es más compleja e integradora desde la riqueza de dimensiones humanas. No podemos reajustar las relaciones con la naturaleza, sin “sanar todas las relaciones básicas del ser humano”. Implica el cuidado de la dimensión ecológica del ser humano, y a la vez, el cuidado de la dimensión social y de la dimensión trascendente o espiritual.

02 | Hacia una ecología integral

Por ello, está pendiente el “desarrollo de una nueva síntesis que supere las falsas dialécticas de los últimos siglos” (121). Como marco de esta nueva síntesis, remite Francisco a la carta encíclica Caritas in veritate (2009) de Benedicto XVI. Recordemos brevemente algunas claves de esta propuesta. En ella, se apuntaba ya una nueva síntesis sapiencial que atiende a la complejidad y a las necesidades del mundo actual, proponiendo una orientación integral del desarrollo humano, que superara una visión economicista, buscando “un desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres” (8) en la línea de Populorum progessio (1967).

En Caritas in veritate se hacía presente con fuerza una visión más ampliada, desde la que se concibe un desarrollo contemplando al ser humano integralmente, desde su verdad completa, pero además integrado en el resto de la creación y en una adecuada relación con Dios, quien se presenta como Amor o Caridad (3), como dador y sostenedor del don de la vida humana y no humana. Por ello, el desarrollo humano integral adquiere su lugar radical desde la caridad en la verdad. Una verdad del ser humano que se cierre al don de su propia vida y de la creación, lo incapacita para el reconocimiento del don recibido y para responder justa y generosamente ante las exigencias de la realidad. Se presentaba así un horizonte o marco de realidad, donde se articula no sólo el despliegue de la vida humana por sí sola, si no en relación con la vida natural y la apertura a Dios como posibilidad última de plenitud de la vida humana y no humana.

No hay un desarrollo humano integral si no está integrado en una adecuada relación con los otros, la naturaleza (51) y con Dios. Dicho negativamente, la injusticia hacia Dios como autor del don de la vida (48), es una injusticia hacia la creación y la humanidad. La injusticia ecológica o medioambiental, es una injusticia con los seres humanos que más la sufren, los pobres y las generaciones futuras y hacia Dios.

Para Francisco, no hay ecología sin una adecuada antropología (118), pero la inversa también cierta, pues no habría una justa antropología, sin una adecuada ecología. En este contexto, es patente que una ecología integral, tiene que incorporar también y claramente las dimensiones humanas y sociales, así como una ecología cultural (143), lo que también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad en su sentido más amplio. Y de manera más directa, reclama prestar atención a las culturas locales a la hora de analizar cuestiones relacionadas con el medio ambiente, poniendo en diálogo el lenguaje científico-técnico con el lenguaje popular. Es la cultura no sólo en el sentido de los monumentos del pasado, sino especialmente en su sentido vivo, dinámico y participativo, que no puede excluirse a la hora de repensar la relación del ser humano con el ambiente.

Por ello, si tenemos en cuenta la complejidad de la crisis ecológica y sus múltiples causas “deberíamos reconocer que las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad. También es necesario acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos, al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritualidad. Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje” (64).

03 | Conclusión

El legado de Papa Francisco ofrece un marco profundamente renovador para comprender la relación entre ecología y salud desde la perspectiva de la ecología integral. A partir de propuestas como Laudato Si ‘y sus desarrollos posteriores, se plantea una visión compleja e interdependiente de la salud, que supera enfoques reduccionistas y la sitúa en el entramado de relaciones ecológicas, sociales, culturales y espirituales. Esta comprensión permite identificar que la crisis ecológica es inseparable de una crisis antropológica, cultural y ética, vinculada al paradigma tecnocrático y al antropocentrismo desviado que ha marcado la modernidad.

Frente a ello, Francisco propone una conversión ecológica que implica transformar estilos de vida, estructuras sociales y modos de conocimiento, integrando saberes científicos y humanísticos con la dimensión espiritual. La salud aparece así como un bien común que depende del equilibrio dinámico entre múltiples dimensiones de la vida humana y de su adecuada inserción en los sistemas socioecológicos. En este sentido, cuidar la salud no es solo curar enfermedades, sino preservar las condiciones que hacen posible la vida digna y plena para todos.

Este horizonte interpela a una acción colectiva urgente, especialmente en favor de los más vulnerables, y abre un camino esperanzador hacia una civilización del cuidado de la casa común.

Notas
[1] Alocución del papa Francisco a los participantes en el seminario “Ética en la gestión de la salud”, Roma, 30 de noviembre de 2023.
[2] Papa Francisco (@Pontifex_es) twitteó a las 11:30 a. m. on sáb., jun. 05, 2021: #WorldEnvironmentDay (https://twitter.com/Pontifex_es/status/1401109037492490240?s=03). 
[3] Papa Francisco (@Pontifex_es) twitteó a las 1:32 p. m. on sáb., jun. 05, 2021:
 #WorldEnvironmentDay (https://twitter.com/Pontifex_es/status/1401139951920631812?s=03). 
[4] El ocaso de la Edad Moderna, 83 (Apud Laudato Si´, n. 115).
Bibliografía
Papa Francisco. (2015). Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
Papa Francisco. (2020). Querida Amazonía. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20200202_querida-amazonia.html
Papa Francisco. (2023). Laudate Deum. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/20231004-laudate-deum.html
Senent-De Frutos, J. A. (2017). Ética, técnica y ecología. Hacia una nueva sabiduría para un desarrollo humano integral. En I. Sepúlveda (Ed.), Humanismo y ética básica (pp. 205–233). Desclée de Brouwer.
Senent de Frutos, J. A. (2016). Transgénicos en Laudato Si’: Una visión integradora. Revista de Fomento Social, 71(206), 229–233. http://hdl.handle.net/20.500.12412/3708.