Juan José Afonso,
Director General SJD España
Los Molinos (Madrid).
Quiero comenzar, como ya hicimos en la reunión de hace dos semanas, expresando un sincero agradecimiento, en nombre de todos los colaboradores y, de manera especial, de quienes hoy estamos aquí, por la invitación a participar en este acontecimiento. Un encuentro que, de manera periódica, marca el rumbo de quienes conformamos la Provincia y nos permite reafirmarnos en un propósito compartido que, desde nuestro Fundador, ha ido tomando forma y fortaleciéndose a lo largo de casi cinco siglos de historia.
Corresponde ahora, creo, realizar un breve balance del cuatrienio que concluye. Al revisar los documentos elaborados desde los centros, áreas y departamentos, emergen con claridad, al menos para la dirección general, dos constataciones fundamentales: en primer lugar, que la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en España está viva, activa y, me atrevería a decir, pujante. Y, en segundo lugar, que a pesar de estar estrenando esta nueva realidad provincial hemos sido (y lo digo en plural porque esto nos corresponde a todos, también a ustedes) lo suficientemente generosos y flexibles para que nuestras diferencias, nuestros modus operandi del pasado, no entorpecieran el crecimiento de la Hospitalidad en sus diferentes formas y maneras. Conservando estilos, asumiéndolos como propios y entendiendo la diversidad como un meta valor irrenunciable de la Orden en nuestro país.
Lo digo con verdadero orgullo. Quien lo hubiera dicho hace escasos 4 años que hoy íbamos a tener lo que tenemos. Una provincia más sólida, una comunidad creciente y un clima interno de camaradería que nos permite abandonar viejos recelos y afrontar el futuro con una esperanza fundamentada de que podremos mantener e incrementar el propósito de nuestra institución.
Este mismo sentir ha sido expresando reiteradamente en el encuentro precapitular de hace unas semanas: Avanzamos respetando las singularidades de los territorios, de los centros y de las personas, permitiendo que el propósito se despliegue de acuerdo con las necesidades locales, pero siempre animados por un marco común de valores sólidos y compartidos.
Desde la gestión, esta combinación entre unidad y diversidad se ha revelado como una fortaleza organizativa clave.
En esta línea señalaré únicamente algunos aspectos relevantes, confiando en que la documentación presentada complete y profundice este recorrido.
La evaluación del grado de despliegue de las líneas de acción del capítulo anterior es, en términos generales, positiva. Al mismo tiempo, se identifican con claridad ámbitos que debemos seguir impulsando: la atención a nuevas vulnerabilidades emergentes; el fortalecimiento de la colaboración entre centros y, especialmente, entre unidades territoriales; la consolidación y coordinación del área de solidaridad; el impulso —y, si es necesario, la redefinición— de la Escuela de Hospitalidad, cuyo potencial para la extensión del carisma se ha hecho especialmente visible en este periodo; y, finalmente, la reflexión y el avance en estructuras jurídicas que aseguren tanto la sostenibilidad de la Orden como la fidelidad al propósito que emana de nuestro carisma.
Desde esta mirada, quiero destacar algunos hechos relevantes del cuatrienio que ilustran cómo la gestión ha acompañado estratégicamente la misión: si bien es cierto que tenemos que seguir avanzando en el ordenamiento estructural, quisiera destacar que se han constituido nuevas fundaciones como por ejemplo en Navarra y en Granada, reforzando así la presencia institucional y la capacidad de gobierno. En esta misma línea en Cataluña se han incrementado la actividad y competencias de algunas de las existentes y hemos entrado a formar parte del patronato de nuevas.
Asimismo, la fusión de los campus universitarios de Madrid, Ciempozuelos y Sevilla bajo una única entidad ha permitido ganar coherencia académica, eficiencia organizativa y proyección de futuro. Además, en este proceso y atendiendo a la propuesta del Papa Francisco “de construir redes de hospitalidad con otras instituciones de iglesia”, contar con Comillas en este proceso creemos que ayuda a construir un futuro de mayor estabilidad institucional.
Otro buen ejemplo es Guipúzcoa, donde la integración de los dos centros de la provincia en una sola estructura jurídica y directiva ha supuesto un avance significativo en coordinación, eficiencia y capacidad de respuesta.
Esto no implica que nos debamos seguir avanzando en la evolución jurídica de la Orden en España, ya que queda mucho por recorrer, pero quizás ahora que se han consolidado otras cosas, podamos dedicarle más energía a ello.
En cuanto a la relación con las administraciones públicas, se ha progresado de manera notable tras un trabajo prolongado y riguroso. Se han consolidado vínculos de largo recorrido en territorios como Cantabria y Castilla y León, y se avanzan acuerdos similares en otras comunidades como Canarias o la Comunidad valenciana, en línea con lo establecido por el capítulo anterior y promovido por el Gobierno Provincial. Señalo aquí si me permiten, por lo novedoso, las reuniones con el presidente de Canarias y otras autoridades, esta pasada semana para impulsar programas sociales, ya en marcha, así como un gran proyecto sanitario que significaría un antes y un después de la presencia de la orden en el archipiélago. Estos modelos refuerzan la estabilidad, la planificación a medio y largo plazo y la corresponsabilidad en la atención a las personas más vulnerables. Por todo ello, vamos a seguir reforzando la trasposición y la implementación por parte de las Comunicades autónomas que aún no lo han hecho, de la normativa europea del 2014 que marca el modelo de relación de instituciones como la Orden con las diferentes administraciones públicas. Esta normativa nos debe ayudar a consolidar propuestas de valor en el medio y largo plazo sobre todo pensando en espacios históricamente asistenciales que hoy son más socio-asistenciales como por ejemplo la atención intermedia, donde pensamos que tenemos mucho recorrido como institución.
En el ámbito social y de la dependencia, se ha trabajado de forma estrecha con administraciones autonómicas y con organizaciones aliadas para impulsar proyectos profundamente alineados con el carisma: la atención a la soledad en el medio rural, la formación e integración de personas migrantes, el acompañamiento a personas solas, dispositivos de asilo mejorados, la integración sociolaboral de personas sin hogar y la atención a mujeres víctimas de abusos. Todo ello refleja una gestión orientada al impacto social y a la respuesta a necesidades emergentes.
Se han fortalecido también las alianzas con instituciones hermanas, especialmente en el ámbito de la protección internacional, así como acuerdos con entidades públicas y privadas, con y sin ánimo de lucro, que han facilitado financiación, desarrollos asistenciales, proyectos formativos y de investigación, y acometer inversiones relevantes.
En cuanto al desarrollo de las personas, la Escuela de Hospitalidad ha incrementado el número de participantes, confirmando su valor estratégico. Al mismo tiempo, desde la gestión identificamos la necesidad de replantear su alcance y coordinación para llegar, con mayor rapidez e impacto, a una plantilla que se aproxima ya a los 18.000 colaboradores. En el ámbito de la ética y Bioética, la puesta en marcha de cursos básicos para directivos ha tenido una alta participación y una valoración muy positiva, consolidando un enfoque ético compartido en la toma de decisiones. También se ha publicado el código ético de la Provincia y considero de especial relevancia la celebración del primer congreso conjunto con las hermanas hospitalarias, en línea de una nueva estrategia corporativa que es muy evidente en Hospitality Europe.
Quisiera referirme brevemente al acompañamiento de aquellos centros que han presentado dificultades de sostenibilidad, tanto financiera como carismática. Con independencia de su ubicación territorial, estos centros han contado con un seguimiento cercano y continuado por parte de los órganos provinciales de gobierno y gestión. Se han realizado ajustes en equipos directivos, redefiniciones estratégicas y decisiones sobre la continuidad o modulación de la actividad, siempre bajo el mandato del Gobierno de la Provincia, priorizando el refuerzo del carisma y la mejora progresiva de la situación económica, que en la mayoría de los casos ha evolucionado favorablemente.
Por último, en relación con los modelos de relación con garantes y proveedores, la realidad es diversa según los territorios. Aun siguiendo la orientación capitular de concertación con la administración, en algunos contextos sigue siendo necesario complementar la actividad con aseguradoras privadas, cuidando en todo momento que el modelo asistencial y los valores de la Orden se mantengan intactos. No olvidemos de dónde venimos. El camino hacia adelante es claro, sabemos dónde queremos ir, pero no podemos olvidar lo que tenemos a día de hoy.
No me quiero extender mucho más porque ya cuentan ustedes con el informe detallado de las diferentes áreas, departamentos y centros y les corresponde ahora, hermanos capitulares, discernir y formular las líneas de trabajo del próximo cuatrienio.
Desde la dirección general, me permito sugerirles algunos que a mi entender siguen necesitando de un impulso extra: potenciar la formación en los elementos identitarios de la Institución; extender una cultura sistemática de evaluación de personas, programas y resultados; proyectar el futuro sanitario, social, educativo y de investigación desde el análisis del impacto real de nuestras acciones; y seguir reflexionando e impulsando formas de ordenamiento jurídico que garanticen la continuidad de una misión que la Orden ha sabido mantener y acrecentar durante casi cinco siglos, adaptándose de forma constante a los tiempos y a las necesidades sociales de cada momento.
El hecho diferencial de nuestra Institución en la atención sanitaria, sociosanitaria y social sigue siendo, sin duda, el propósito que emana de nuestro carisma. En este sentido, la Escuela de Hospitalidad ha de continuar consolidándose y expandiéndose como un auténtico vivero de formación en los valores esenciales de la Orden, ampliando progresivamente su alcance a todos los estamentos de la organización. No olvidemos que la misión se concreta, en última instancia, en la relación persona a persona, en la primera línea, allí donde el profesional y la persona atendida se encuentran.
Aspectos identitarios y nucleares como la ética, el cuidado espiritual, un modelo de gestión coherente con el carisma y la dimensión solidaria —personal e institucional— han de formar parte del quehacer cotidiano y de las prioridades de quienes ejercen responsabilidades de gestión, siempre en coherencia con las orientaciones del gobierno de la Provincia que tiene la obligación unificar propuestas globales que permitan una mayor incidencia a menor coste en tiempo y recursos para los centros.
Avanzar exige mejorar, y mejorar implica necesariamente medir y evaluar. Extender una cultura de evaluación del desempeño de personas, programas y centros, con un enfoque “no fiscalizador” sino de acompañamiento, aprendizaje y desarrollo, nos permitirá identificar áreas de fortaleza y ámbitos de mejora, y actuar sobre estos últimos con criterio formativo y espíritu fraterno.
Somos, permítanme la obviedad, una organización profundamente poliédrica: diversa en líneas de acción, en ámbitos de intervención y también en culturas organizativas heredadas de décadas de historia no siempre convergente. Se ha avanzado mucho en coordinación, conocimiento mutuo e intercambio de experiencias, pero es necesario seguir profundizando en esta senda, identificando de manera colaborativa los obstáculos que dificultan un crecimiento armónico. Manteniendo la singularidad de cada centro y de cada realidad, hemos de fortalecer la diversidad al mismo tiempo que la comunión y la corresponsabilidad en el propósito común, practicando una solidaridad interna en la que quienes están más avanzados tiendan la mano a quienes lo necesitan, sin que ello suponga frenar su propio desarrollo.
El impulso de modelos y marcos de actuación compartidos en los distintos ámbitos —sanitario, social, educativo y de investigación— es una vía adecuada para dotar a la Provincia de un marco común que facilite el despliegue de la misión, con las adaptaciones necesarias a cada territorio y centro.
Asimismo, debemos seguir abriéndonos a la sociedad a la que servimos, haciéndonos visibles y relevantes a través de la colaboración con otras entidades que compartan, total o parcialmente, nuestro propósito, siempre con el cuidado de no comprometerlo. Si aspiramos a contribuir a una sociedad más justa, hemos de tener voz en los espacios donde estas cuestiones se reflexionan y deciden. Esto nos exige explicitar con claridad nuestras bases, nuestra manera de entender la Hospitalidad y porque no, también nuestras líneas rojas, para que la sociedad y las administraciones continúen confiando en nuestro modo de hacer y en nuestra vocación de servicio.
En el ámbito interno, organizaciones como la nuestra que son tan grandes y tan diversas, se hace necesario revisar y, en su caso corregir, aquellos elementos de nuestro modelo organizativo y de gobernanza que requieran un ajuste de sus funciones y competencias, prestando especial atención a la adecuada diferenciación y complementariedad entre las funciones de gobierno y de gestión, en una relación basada en la coordinación, la confianza y el respeto a los ámbitos de responsabilidad y las diferentes realidades territoriales.
Debido a nuestra complejidad, a la complejidad de la sociedad actual y el mundo tan cambiante en el que nos encontramos: Un mundo polarizado, muy politizado, con una excesiva infoxicación, debemos ser audaces y ágiles a la hora de adaptarnos a lo que la sociedad necesita de nosotros y tal y como reza el lema del capítulo para “ampliar la hospitalidad en un mundo cambiante”. Esto no es solo un lema, es una actitud. Una actitud organizacional también, no solo personal.
Finalmente, se ha de abordar una reflexión serena, informada y sin demora sobre los modelos jurídicos actuales y aquellos que será necesario desarrollar en el futuro que se vislumbra. Las conclusiones a las que se llegue, sean únicas o diversas según los contextos, deberán estar siempre orientadas a garantizar la continuidad de la misión y la fidelidad al carisma.
Cierro pidiendo disculpas por errores o falta de respuesta en algunos casos, no hemos podido o sabido llegar a todo, y con una convicción profundamente esperanzadora: la Orden Hospitalaria en España dispone hoy de un capital humano, espiritual e institucional extraordinario. Si sabemos seguir cuidando el carisma, fortalecer la comunión y ejercer una gestión profesional al servicio de la misión, podremos afrontar con confianza los desafíos que vengan y continuar ofreciendo, como lo hemos hecho durante siglos, una respuesta creativa, valiente y profundamente humana a las necesidades de nuestro tiempo.
Muchas gracias, espero y pido que el espíritu les ilumine por el bien del carisma de la misión y en general, de la Provincia y de la Orden. Gracias.

