Marcos Febas Fernández
Director Àrea d’Integració Infanto-Juvenil i Laboral. Sant Joan de Déu Terres de Lleida
Cada año, alrededor de 500 jóvenes migrados solos llegan a Sant Joan de Déu Terres de Lleida buscando un futuro mejor. Desde la apertura del primer recurso específico en 2018, San Juan de Dios ha atendido a más de 2.500 jóvenes, ofreciéndoles un hogar temporal donde iniciar un proyecto personal. A través del acompañamiento personalizado, la formación y la orientación los jóvenes pueden dar los primeros pasos que los conducirán a la inserción laboral y la integración social.
Los jóvenes comprometidos con su proyecto personal tienen muchas posibilidades de éxito. En 2024 más del 70% de los que realizaron un itinerario completo en el proyecto se independizaron con éxito, es decir, con un contrato laboral estable y las competencias necesarias para garantizar su autonomía. Los datos del 2025 elevan esa cifra al 87%.
Cada año, cientos de jóvenes migrantes llegan a Cataluña con el objetivo de cambiar sus vidas y buscar oportunidades que no tienen en sus países de origen. Estos viajes, a menudo largos y llenos de dificultades, dejan a los jóvenes en situación de vulnerabilidad, necesitando un lugar seguro donde alojarse, apoyo educativo, formativo y emocional que les permita integrarse en la sociedad.
La respuesta a esta necesidad ha sido posible gracias a la colaboración entre la administración autonómica catalana y entidades sociales como la nuestra, que desde hace cinco años gestiona recursos específicos para jóvenes migrantes en Lleida. La apertura del primer recurso para este colectivo en abril de 2018 marcó el inicio de un programa integral de acogida, formación y
acompañamiento que se ha convertido en un modelo de referencia en la región.
El programa de Sant Joan de Déu Terres de Lleida está diseñado para ofrecer una atención personalizada que se adapta a las diferentes fases del itinerario migratorio de los jóvenes. Cada año, se atienden alrededor de 500 jóvenes con una ocupación máxima de 200 plazas, procedentes principalmente de países como Marruecos, Senegal o Guinea. Desde 2018 hasta hoy, han pasado por el programa algo más de 2.500 jóvenes. Algunos de los jóvenes son atendidos en SJD por un período muy corto, porque seguirán su proceso en otros centros del sistema de protección del territorio, pero gestionados por otras entidades sociales. Muchos de ellos realizarán todo su itinerario en el sistema de protección en los recursos de SJD, avanzando en su proyecto personal superando las etapas necesarias: documentación, formación e inserción laboral.
Los jóvenes atendidos a menudo llegan con limitaciones significativas: desconocen el idioma, no tienen amistades ni referentes y desconocen el funcionamiento de la sociedad que les acoge. Aymane, un joven marroquí que llegó a Lleida con 15 años, recuerda que “todo era muy difícil” y que necesitaba orientación para entender trámites, lengua y costumbres. Sant Joan de Déu ofrece esta orientación y acompaña a los jóvenes en un proceso que combina apoyo emocional, formación y asistencia práctica para ayudarles a adaptarse y avanzar hacia la autonomía.
El programa cuenta con diferentes servicios adaptados a las necesidades de los jóvenes según la fase de su proceso migratorio. Inicialmente, en el Servicio de Protección de Emergencia, se cubren necesidades básicas como alojamiento, alimentación y atención inmediata. Posteriormente, los jóvenes pasan al Servicio de Primera Acogida y Atención Integral, donde pueden permanecer hasta dos años. En este periodo, regularizan su situación administrativa, aprenden el idioma y reciben formación orientada a la inserción laboral. Hamza, otro joven marroquí, explica que el programa le permitió “conocer la cultura, aprender el idioma y prepararme para trabajar”, facilitando así la transición hacia la siguiente etapa de su itinerario.
Para los jóvenes de 16 a 18 años, Sant Joan de Déu ofrece pisos asistidos con el objetivo de fomentar la autonomía y permitir que continúen estudiando. Al alcanzar la mayoría de edad, pasan a pisos de Inserción Laboral, donde el foco se pone en la formación y el empleo. Este sistema progresivo permite que los jóvenes avancen paso a paso, en función de su perfil, objetivos e implicación en el proyecto personal. Hamza, por ejemplo, inició su inserción laboral en un Centro Especial de Trabajo durante la pandemia, compaginando trabajo y estudios en un ciclo formativo de técnico en cuidados de enfermería. En 2024, 62 jóvenes completaron con éxito este itinerario en los pisos de inserción laboral.
El modelo de Sant Joan de Déu se sustenta sobre cuatro pilares fundamentales: aprendizaje del idioma, formación orientada al empleo, acompañamiento personalizado y establecimiento de límites y marco normativo. La cercanía y la atención individualizada son clave, pero siempre con exigencia, ya que el objetivo es que los jóvenes asuman la responsabilidad de su proyecto vital y desarrollen autonomía personal y laboral.
La formación y el empleo son elementos centrales para la integración social. Desde 2019, Sant Joan de Déu ha implementado programas de formación e inserción laboral que permiten a los jóvenes adquirir habilidades prácticas y oficiales, a pesar de las limitaciones legales que impiden a quienes no tienen documentación acceder a formación reglada hasta tres años después de su llegada. Entre 2019 y 2024, se han formalizado 235 contratos laborales con 130 jóvenes, y 240 jóvenes han obtenido certificados formativos, con 170 que han completado un Programa de Formación e Inserción (PFI). Imad, formado como electricista, encontró un empleo estable gracias a estas iniciativas.
El Proyecto Caronte es otra pieza clave, ya que proporciona apoyo en la búsqueda de vivienda para jóvenes que han comenzado a trabajar, pero enfrentan dificultades para encontrar alojamiento. Esta iniciativa complementa los recursos públicos y ayuda a superar el estigma y las barreras del mercado inmobiliario. Según Imad, “sin este apoyo, muchos de nosotros seguiríamos en la calle”.
El éxito de los programas de Sant Joan de Déu también depende de las alianzas establecidas con empresas y otras entidades sociales. Mediante convenios para prácticas laborales y contratos, las empresas pueden conocer a los jóvenes y valorar su capacidad de manera directa, lo que a menudo se traduce en contratos estables. La colaboración con universidades, organizaciones especializadas en migración, entidades educativas y asociaciones de migrantes ha generado sinergias valiosas para identificar buenas prácticas y mejorar continuamente el modelo de acogida e inserción.
La integración en la comunidad es otro aspecto clave. Los jóvenes participan en actividades deportivas, fiestas locales y proyectos de voluntariado, fomentando la interacción con los vecinos y contribuyendo a romper prejuicios. Marcos Febas, director del área de Integración juvenil y laboral, señala que “no se trata solo de formar a los jóvenes, sino de que se sientan parte de la sociedad”. Esta participación activa facilita la percepción positiva de los migrantes por parte de la comunidad y refuerza el sentimiento de pertenencia de los jóvenes.
A pesar de los éxitos, el programa se enfrenta a importantes obstáculos burocráticos. La regularización de la situación administrativa puede tardar hasta tres años, limitando el acceso a formación reglada y empleo formal. Sant Joan de Déu trabaja estrechamente con las administraciones para reducir estos tiempos y evitar que los jóvenes pierdan periodos cruciales de su vida, conscientes de que estos años pueden marcar significativamente su futuro.
El esfuerzo y el acompañamiento son los valores que guían todo el trabajo de Sant Joan de Déu. La atención se personaliza según el momento del proceso migratorio: al inicio, los jóvenes necesitan orientación e información, y al final, acompañamiento en la inserción laboral y la búsqueda de vivienda. El éxito del programa depende de la combinación entre la implicación personal del joven y el apoyo constante del equipo profesional. En 2024, el 50 % de los jóvenes que completaron su itinerario lograron inserción laboral exitosa, demostrando que con esfuerzo y orientación adecuada se pueden superar barreras importantes.
Las historias de Aymane, Hamza e Imad son testimonios reales de esta trayectoria de esfuerzo, superación e integración. Aymane recuerda los momentos difíciles de su primer contacto con Lleida, Hamza combina trabajo y estudios, e Imad ha conseguido un empleo estable como electricista. Los tres sirven de referente para los jóvenes que actualmente inician su itinerario, demostrando que con apoyo, formación e implicación personal es posible alcanzar una vida autónoma e integrada. Como expresa Aymane, “las dificultades del pasado pueden transformarse en los éxitos del mañana; nuestro pasado no define nuestro futuro”.
En conclusión, el modelo de Sant Joan de Déu Terres de Lleida es un ejemplo de cómo un enfoque integral de acogida, formación, inserción laboral e integración comunitaria puede transformar la vida de jóvenes migrantes. Mediante un itinerario progresivo que combina atención personalizada, aprendizaje práctico y apoyo emocional, estos jóvenes pueden superar las dificultades derivadas de la migración y construir un futuro con oportunidades reales. La combinación de recursos residenciales, pisos asistidos, programas formativos, proyectos de inserción laboral y alianzas con empresas y entidades sociales crea un entorno sólido que fomenta la autonomía y el éxito personal. Las historias de superación individual son el mejor testimonio del valor de este modelo, que no solo ofrece refugio, sino también esperanza y herramientas para construir un futuro mejor, demostrando que, con esfuerzo y acompañamiento, cualquier joven puede transformar los retos en oportunidades.

