El autor quiere introducirnos en un recorrido etimológico de la palabra cuidar que resultaría muy difícil y opta por presentarnos el Dios que cuida y pide cuidar. Algunos hablan no tanto del Dios Todopoderoso sino del Dios Todocuidadoso.

Porque este término no evita el poder de Dios en la Creación y sobre todas las cosas, pero lo sitúa adecuadamente en la órbita de la protección y el amparo, del cuidado del mundo y de quienes lo habitamos.

El autor se centra en tres iconos bíblicos del Antiguo Testamento (AT) para presentar la imagen del Dios que cuida, y que, en la parábola de San Lucas del buen Samaritano, se fundamenta en el argumento del Dios que cuida y manda cuidar. Los iconos veterotestamentarios son el Dios viñador, el Dios pastor y el Dios progenitor, en un crescendo que va de las cosas a las personas. Lo que permite añadir que el cuidado y el acompañamiento están en la raíz y en el corazón del modo con que Dios se manifiesta.