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experiencias | Num.332
La fuerza de la luz en mi noche oscura.

José Martínez,
voluntario de San Juan de Dios.
Clínica Nuestra Señora de la Paz. Madrid.

La Jornada Mundial del Enfermo fue proclamada por el Papa san Juan Pablo II en 1992 y la celebramos todos los años el once de febrero, día de la Virgen de Lourdes.

Como enfermo agradezco a la Iglesia Católica el servicio creado para atender a los enfermos como es la Pastoral de la salud, servicio del que me he beneficiado a través de los capellanes y voluntarios de Pastoral, que atienden en el hospital a los enfermos que piden este servicio.

El nueve de marzo del 2021 ingresaba en el hospital para operarme; era necesario porque se había reproducido el tumor de páncreas, que ya había padecido hace cuatro años y felizmente pude superar. Salía de casa a las siete y media de la mañana, en ese momento nadie podía presagiar que volvería a casa, milagrosamente, cuatro meses y medio más tarde. Entré a las ocho de la mañana en el quirófano, muy tranquilo, relajado, confiando en mi cirujano y su equipo, haciendo bromas y calculando el tiempo de recuperación, que yo calculaba para antes de la Semana Santa.

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El cirujano ya me había comentado en citas anteriores, que la cabeza del páncreas, al estar pegada al duodeno, lo extirparía junto con la cabeza. Hasta aquí en teoría todo estaba controlado. Sin embargo, la experiencia nos demuestra una vez más que a pesar de la tecnología actual, y el seguimiento durante dos años de la displasia como así lo denominaban los cirujanos, hasta que no abren no se puede asegurar al cien por cien la situación real, y la ausencia de complicaciones, como de hecho me comentaba antes de la operación, y lleno de sensatez mi cirujano.

Empezó la operación, pasaban las horas y mis hijas esperando noticias, salió un miembro del equipo, para decirles que continuaban en el quirófano, hubo una segunda salida para decirles lo mismo y ya a las ocho de la tarde, les dicen a mis hijas que posiblemente no superaría el trance, mi vida peligraba por momentos y luchaban por superar la situación; imagino la angustia de mis hijas ante esta noticia tan inesperada, a la que había que añadir la tensión de la espera, una espera muy larga. Lo que por la mañana iba a ser una operación de serie, se convirtió en dos intervenciones y catorce horas de quirófano.

Se produjeron diversas complicaciones porque la vena mesentérica estaba dañada por el tumor, me produjo una sepsis que dañó a casi todos los órganos. Me cuentan mis hijas qué en los dos meses en el hospital, tuve cinco operaciones, yo solo recuerdo mi entrada en el quirófano del primer día. A lo largo de ese tiempo y en conversaciones del cirujano con mis hijas, se presentaron múltiples situaciones, por ejemplo, hubo unos días que se daba por hecho el que ya dependería de la diálisis, o que me tenían que poner la clásica bolsa de las operaciones de colon, todo esto de por vida, un día delante de ellas perdí el conocimiento por una hipoglucemia.

En otra ocasión me cuentan que estando ellas acompañándome en la habitación, volví a perder el conocimiento, mi cara y mis ojos se transformaron, fueron unos momentos horribles para ellas, mi hija Nuria salió gritando al centro de control de la planta, la habitación se llenó de enfermeras y auxiliares, recuerdan que me pincharon y empecé a reaccionar. Yo no puedo situar cronológicamente estas vicisitudes, lo redacto recordando las conversaciones con mis hijas y los cirujanos del equipo.

A título de resumen debo decir que estuve en tres ocasiones clínicamente muerto. Hablando una vez con mi cirujano en su consulta, le decía cómo lo había pasado y rápidamente me comentó, usted ha estado dormido, quien lo ha pasado mal han sido sus hijas y nosotros. En una de estas circunstancias, pasados unos días me visitó un cirujano del equipo que daba por hecho mi final y me preguntó: ¿qué, no te ha gustado el mentiroso, sí, el que negaba?, ¿no te ha gustado San Pedro?, te digo esto porque le has tenido que ver, has estado un buen rato en el cielo.

Llegó la Semana Santa y seguía en el hospital, por lo visto alternando quirófano con la UCI, traigo a colación esto porque era el objetivo que me había marcado, pasar la Semana Santa en casa. En los momentos de lucidez yo pensaba que estaba viviendo un Viernes Santo, muy largo, un auténtico calvario, me sentía en la Vía Dolorosa de Jerusalén y ofrecía, y añadía mi enfermedad a la Pasión de Cristo, con mucha esperanza porque los creyentes sabemos, que para llegar a la Pascua hay que pasar por el Viernes Santo; la virtud de la esperanza es fundamental siempre para un cristiano. En gran parte basaba mi esperanza en las palabras de San Pablo: “soy fuerte en mi debilidad”, y yo lo he experimentado con creces, ¡cuántas horas, días, semanas, me he encontrado solamente en las manos del Señor!; a Él le pedía que me concediera fortaleza, uno de los dones del Espíritu Santo, creo que me lo concedió, a juzgar por el ánimo que en todo momento he demostrado, y sigue concediéndomelo; no cabe duda que cuando pedimos algo al Señor, siendo conscientes de nuestras limitaciones que son muchas como seres humanos, y pidiendo desde la humildad del corazón, el Señor nos escucha.

El Papa Francisco dice
“La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad del otro, nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios.”

También nos deja esta reflexión sobre los Ángeles custodios:
“Ese ángel que nos indica el camino cuando nos extraviamos, para volver a encender en nosotros la llama de la esperanza, para hacernos una caricia, para consolar nuestro corazón destrozado, para despertarnos del sueño existencial, o simplemente para decirnos: No estás solo.”

Durante los dos meses que permanecí en el hospital, tuve sentimientos muy fuertes y viví algunos momentos, en los que sentía manifestarse al Señor a través de personas, por ejemplo en las manos del cirujano, mi hija Elena en más de una ocasión hablando de esto dice que el cirujano jefe es Dios en la tierra, lo dice desde la admiración, el respeto y el agradecimiento a su trabajo y a su saber las he tenido con algunos sanitarios a la hora de ejercer sus diversas funciones; también recibía mucha energía por parte de mis familiares, amigos y el sentirme acompañado por la Iglesia, en mi caso representada por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, el grupo de Biblia y la parroquia, las noticias que me transmitían de todos ellos eran oraciones por mi curación, rosarios, misas, etc..

Soy consciente que he tenido, a través de mis peticiones, acaparado mucho tiempo a San Juan de Dios y a San Benito Menni, su fiel discípulo. Y María, siempre María, nuestra Madre y modelo ante la adversidad. El comportamiento que han tenido mis hijas conmigo, en estos meses tan duros ha sido admirable, sin pecar de exageración, puedo decir que son dos ángeles; a través de ellas he comprobado y me han impregnado de la ternura de Dios, Padre-Madre, que tiene con las personas, cuando no le damos la espalda y le tenemos presente de forma natural en nuestra vida; no olvido a mis nietas Martina y Silvia que me han dado mucha fuerza, con su continua exigencia de querer estar conmigo en casa, para cuidarme, total que estoy rodeado de cuatro ángeles. ¡Qué importante es sentirse querido! ¡Y qué importante es dejarse querer!

Han sido muchas las conversaciones con el cirujano jefe del equipo, me llama el guerrero, según él por la forma de plantar cara a las dificultades tan graves, que se fueron encadenando y por no entregarme en ningún momento en momentos muy críticos. Yo le decía doctor soy creyente y me contestaba no me sirve, he tenido muchos pacientes que también se confesaban creyentes, pero su actitud era distinta y manifestaban sus miedos como si no lo fueran.

Recuerdo que me preguntó en que trabajabas, le respondí en comercial y al final como formador de comerciales, ya pero ahora antes de la enfermedad, pues me llegó la prejubilación a los 58 años y me retiraba con el sueldo hasta la edad oficial de jubilación, y que hiciste, me propuse dedicar esos próximos siete años a los que no tienen voz en la sociedad, y aparecí como voluntario en San Juan de Dios y llevo ya no siete sino dieciocho años colaborando en la Orden Hospitalaria, no estaremos hablando del Hospital de Ciempozuelos me dijo, si doctor le respondí, allí has tenido que ver de todo, si doctor y también he tenido la oportunidad de realizar muy diversas tareas con los enfermos, y como si hablara solo decía: ahora empiezo a responderme a muchas preguntas que me hacía, tengo aún una pregunta que hacerte, en qué estás metido en estos momentos o qué espera la vida de ti, el Señor me lo indicará doctor.

En otra ocasión le preguntó a mi hija Nuria, cómo entró tu padre en el quirófano la primera vez, pues muy tranquilo, gastando bromas, con mucha fe en Vd. y en su equipo, esta respuesta es la que esperaba, porque dice esto preguntó Nuria, porque nosotros en el quirófano vemos a través de los órganos como se ha dormido el paciente, y esto tiene alguna importancia, sino surgen problemas no, pero si surgen, los pacientes que se han dormido tranquilos, sin miedo, responden mucho mejor ante las dificultades que se presenten.

Por qué escribo estos comentarios sobre mi actitud, durante mi estancia en el hospital que llamaba la atención del cirujano y el me confesaba. Sólo encuentro una explicación en la confianza que deposité en el Señor, en ningún momento tenía un plan para comportarme como parece ser que lo hice, si es cierto que le pedía al Señor no perder la Esperanza y el don de la Fortaleza para no entregarme, para no bajar los brazos y presentarle cara a la enfermedad. Pude comprobar en primera persona la confesión de San Pablo “soy fuerte en mi debilidad”. Esto es así porque donde no llegamos los humanos, tan cargados de limitaciones, es Jesús quien trabaja por nosotros.

Y no olvidemos la comunión de los santos, santos conocidos por ser familiares o amigos, los santos de la puerta de al lado como dice el Papa Francisco; en mi caso algunos ya disfrutando de la Gloria de Dios; he tenido sensaciones tan fuertes, que cuando rezo el credo ahora, después de esta experiencia siento de forma especial la comunión de los santos como una auténtica realidad.

Si tuviera que ofrecer una respuesta, a las incógnitas que se planteaba mi cirujano sobre mi curación, aparte de su habilidad, su entrega, conocimiento y ciencia demostrada con creces; echaría mano de San Juan de la Cruz y diría: Que bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche.

Han sido muchas horas día tras día, para pensar, recordar, meditar y orar. Por la propia experiencia de la realidad que estaba padeciendo y sin olvidar que estaba habitando en la casa del dolor, que es como llamo al hospital; cuando estás inmerso durante días en esta pesadilla, te das cuenta hasta qué punto la sociedad oculta el dolor y la muerte, pensaba en tantos pacientes luchando con sus sufrimientos, miedos, limitaciones, incógnitas personales, etc.

Estas situaciones límite nos enseñan y demuestran que somos dependientes unos de otros, y hasta que punto nos necesitamos. Con carácter global el Covid-19 nos lo está mostrando con creces y marcando nuestras debilidades.

Estas situaciones límite tanto a nivel personal como a nivel de grupo, nos han de servir para convertirlas en oportunidades, en caso de que tengamos que reorientar nuestra vida; teniendo siempre en cuenta que el egoísmo es muerte, porque no aporta vida, nos introduce en la tiniebla y una vida que no esté abierta a los demás, no se la puede clasificar como tal. La caridad para los cristianos, el amor en general es luz, una luz que nos guía en la vida y nos abre a los demás.

Sin embargo, no todo es negativo, cuando recibía transfusiones de sangre, pensaba en los que lo habían hecho posible con su desinterés y caridad. He sido donante de sangre durante cuarenta años y ahora me beneficiaba de la labor altruista de otros. También me ha tocado vivir como paciente y depender de otras personas para los cuidados más elementales; después de llevar dieciocho años como voluntario en San Juan de Dios, ahora me tocaba vivir en la otra orilla. ¡Qué riqueza vital proporcionan estas experiencias y cuantos motivos para dar gracias a Dios! Tengo muy claro como el Señor se manifiesta siempre a través de personas.

No busquemos a Dios en el Cielo ni en sitios lejanos. ¡Le tenemos tan cerca! Está dentro de nosotros y dentro de los demás. Cuando miramos al otro con los ojos del corazón, somos capaces de verlo y transmitir su ternura aquí en la tierra, como anticipo de la Vida. En esto consiste el Reino de Dios.

Después de los dos meses de hospital y dos meses y medio en un Centro de rehabilitación para volver a ser autónomo, volvía a casa, con ciertas limitaciones físicas pero reforzadas en los valores del humanismo cristiano. Ahora después de esta aventura en la que el Señor ha querido que continue aquí, le pido que me ilumine para que pueda discernir sobre lo que Él aún espera de mí en esta vida y pueda ofrecérselo. Y a la Virgen de Lourdes como Madre y Maestra solicito su ayuda para cumplir con lo que su hijo Jesús, Nuestro Señor, me pida.

 

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