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Experiencias 334_06_01
experiencias | Num.334 | 06/6
Experiencia personal Covid-19:
primera ola en el centro San Juan de Dios de Ciempozuelos.

Nubia Ordóñez Peñafiel,
Médico del Área de Discapacidad. Centro San Juan de Dios. Ciempozuelos (Madrid).

Todo comenzó un 5 de marzo del año 2020, aparentemente tranquilo y con la ilusión puesta en la preparación de la Festividad de Nuestro Patrón, San Juan de Dios. Nada más lejos de la realidad.

Tras un clima de incertidumbre a nivel nacional y tras la reunión del Comité de Dirección del Centro y de la Junta directiva de la Hermandad de San Juan de Dios, se tomaron varias medidas, como: la suspensión de la festividad de Nuestro Patrón y todos los actos relacionados con ella, así como la restricción de visitas y salidas de residentes de nuestro Centro.

El objetivo estaba claro: el bienestar de nuestros residentes. Al principio, no entendíamos nada, suspensión de la procesión, de salidas y visitas, anulación de las consultas, era la primera vez que se producía un hecho así.

Mi opinión personal, que coincide con el sentir general, es que las medidas aplicadas aquellos días (con la información que se tenía) fueron, por parte de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, una de las decisiones más acertadas.

Se respiraba un aroma de tristeza, miedo, ansiedad, incertidumbre… ya que todos conocemos la vulnerabilidad de nuestros residentes y la dificultad para aceptar medidas tan restrictivas. Se hizo un amplio despliegue telefónico para informar a las familias (algunas no las entendieron, significaba no ver a sus familiares y generaba mucha angustia).

La COVID-19 en aquel momento, una enfermedad desconocida, causada por el SARS Cov2 un nuevo virus que produce una alta mortalidad. Se convirtió en una pandemia. Se define pandemia a “una enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”

Para hacer frente a la pandemia, se creó la Comisión Covid-19, integrada por: el Comité de Dirección, Coordinador médico, Coordinadores de enfermería y médicos internistas de las unidades afectadas. Por consiguiente, La Comisión se convirtió en el vehículo vertebrador y organizador de todas las estrategias y decisiones tomadas en reuniones permanentes.

El día 10 de marzo se confirmó el diagnóstico COVID19 en un paciente trasladado al Hospital Infanta Elena (Valdemoro). Nuestro hospital de referencia y donde había comenzado uno de los grandes brotes de la Comunidad de Madrid.  El virus había llegado al Centro…

De forma casi simultánea y siendo unidades tan diferentes, se vieron afectadas una unidad de Salud Mental y otra unidad de Personas con Discapacidad (moderada y grave). Fue el momento en el que todo el personal del Centro se volcó con sus residentes y en el que, la palabra Hospitalidad se acentuó más que nunca. A partir de aquí no existieron roles de trabajo, todos y cada uno de los trabajadores de este Centro, se emplearon con un mismo objetivo, la salud y bienestar del paciente.

Dadas las circunstancias, con nuestro hospital de referencia colapsado, se dio un curso acelerado para la colocación del EPI (Equipo de Protección Individual). El uso diario de mascarillas se volvió imprescindible y se crearon zonas de aislamiento. Debido a la escasez de EPIs, por iniciativa de la Comisión Covid, fuimos pioneros en la optimización de las mascarillas FFP2 y FFP3 y se confeccionaron unas batas impermeables por parte de las costureras.

El tratamiento que recibieron nuestros pacientes se realizó según las directrices y protocolos disponibles en cada momento, derivando a los casos más graves.

En la unidad de personas con discapacidad intelectual (San Luis), y probablemente por las características de los residentes, tuvimos alrededor de 50 casos, de un total de 110 residentes que viven en esa unidad.  Para poder mejorar los cuidados y prevenir contagios, se decidió trasladar a un grupo de 16 residentes sanos, a una nueva unidad que se acababa de inaugurar peor aún no tenía usuarios residiendo en ella. Este cambio para nuestros residentes fue algo novedoso, los primeros días todo era placentero con risas y juegos. A la semana en ese módulo se inició un nuevo brote.

El desánimo, la tristeza y la desesperanza llegaron, por lo que la Comisión Covid, tomó la decisión de aislar en salas comunes, lo que actualmente se conocen como “aulas burbuja”. Fue algo extraordinario ver la sonrisa y felicidad de los pacientes al reencontrarse con sus compañeros.

No nos imaginábamos lo que vendría después. El centro San Juan de Dios acogió a pacientes del Hospital 12 de octubre que por encontrarse saturado no podía ingresar a más pacientes. Se abrió el único módulo disponible en la Nueva Unidad -Antón Martín- con todo lo que supone empezar una unidad desde cero. Tras cuatro semanas ingresados, fueron dados de alta. Además de irse recuperados, se fueron encantados y muy agradecidos con el personal que les atendió de manera integral.

Otra unidad de personas con discapacidad (Fray Pedro Rivas), en este caso, pacientes muy vulnerables y de edad avanzada (mayores de 65 años) llegó a tener en aislamiento a 30 pacientes. Aquí ya se conocía un poco más el virus y se disponía en el centro de pruebas PCR. Le siguió el brote en otra unidad, San Ricardo Pampuri, con residentes de discapacidad intelectual grave, con disconductas y patologías asociadas con dificultad para el manejo. Se podría pensar que era misión imposible controlar ese brote y los aislamientos. ¿Imposible? No, para nuestro Centro, que puso a disposición de los pacientes innumerables recursos tanto materiales como humanos.

Tras las unidades de personas con discapacidad, el virus se extendió a la población de psicogeriatría y a la unidad de pacientes más frágiles de salud; lo que llamamos la enfermería del centro. La posibilidad de trasladar al edificio nuevo, con grandes comodidades y bien dotado de recursos, facilitó el cuidado de estas personas.

El trabajo realizado fue dando sus frutos y de forma gradual las unidades que primero se vieron afectadas, se iban quedando libres de Covid.

Fueron tres largos meses, de la primera ola, en los que no se escatimaron esfuerzos, incluso llegando algunos compañeros a enfermar. Fueron días en los que se dobló turnos, semanas sin libranzas, salir después de la jornada laboral. Recompensados por el cariño y alegría de nuestros pacientes que con su capacidad de adaptación a pesar de las circunstancias nos dieron verdaderas lecciones de vida y resiliencia.

No podemos olvidar a quienes ya no están con nosotros. Procuramos dar cuidado, consuelo, compañía, apoyo hasta el último momento. Y acompañar a la familia en estos duelos tan difíciles.

Todo pudo ser mucho mejor de lo que podía plantear gracias a todo el personal del Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos (Madrid).

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